"El concepto de finanzas personales se lleva por etapas", afirmó Rudy Cabazos, especialista de Money Management International, organización de asesoría de crédito y deudas.
Agregó que "uno como consumidor va a vivir con ciertas prioridades que cambian por etapas, en dependencia de la edad que tenemos.
"Mientras para un joven de hasta 20 años no es habitual pensar en ahorrar para el futuro, para otro a partir de esa edad empiezan a aparecer metas como el matrimonio o la vivienda que requieren de planificación".
De modo general, los objetivos financieros pueden dividirse en las etapas de 20 a 30 años de edad, de 30 a los 50, de aquí a los 65, y en adelante.
La década de los 20 a 30 años se caracteriza por ser el inicio de una vida financiera independiente, a partir de la graduación de la universidad, desde que se consigue el primer trabajo.
Esta etapa es muy importante, pues es idónea para establecer los hábitos financieros que facilitarán el logro de una seguridad económica orientada a metas, como son el manejarse con base en un presupuesto, llevar registros de finanzas, y dominar el manejo de tarjetas de crédito.
Por lo general en esta etapa los ingresos no son muy altos, pero si se contrajeron deudas por préstamos estudiantiles, es importante abonar la mayor cantidad de dinero posible para liquidarlas cuanto antes.
Tan pronto se pueda ahorrar, que idealmente sería un diez por ciento de los ingresos, es conveniente iniciarse en el mundo de las inversiones, para lo cual los fondos mutuos pueden ser el mejor camino, pues no requieren de una inversión inicial alta.
Como todavía se es muy joven se podría tolerar un relativamente alto nivel de riesgo en las inversiones, que podrían considerar hasta 80% en acciones -tomando en cuenta las internacionales y de crecimiento agresivo-, y el resto en bonos.
En estas edades es importante el ahorro para la compra de una casa, y es también el momento de comenzar a ahorrar para la jubilación, pues la diferencia de comenzar a los 25 o a los 35 años de edad puede significar más de cien mil dólares menos en la cuenta al retirarse.
Ivan Abreu y Libio Matos describen la etapa de los 30 a 50 años, en su libro El ABC del Crédito y la Inversión, como el período "sándwich".
Además de las propias necesidades, las personas se encuentran ahora cubriendo las demandas de los hijos y atendiendo responsabilidades financieras con los padres mayores.
Algunas metas típicas de estas edades son la compra de casa, si no se ha hecho, reunir para la educación de los hijos, viajar, crear un negocio propio, y por supuesto la jubilación.
Si ya se ha creado una sustancial carpeta de inversiones podría ser conveniente reducir el nivel de riesgo, prefiriendo los fondos mutuos balanceados y convertibles, y no más de 50 por ciento destinado a acciones de crecimiento agresivo.
Para quienes no han comenzado a invertir es momento de hacerlo cuanto antes, destinando la mayor cantidad posible de ahorros a este propósito.
También entre los 40 y 50 años es importante mantener las deudas bajo control para evitar llegar a la jubilación con un paquete inmanejable, pues en esta etapa surgen situaciones, como la compra de autos para los hijos, entre otras, que pueden amenazar el balance financiero.
Además de los seguros de automóvil y de salud, son importantes el de incapacidad física, propiedad y de vida, pues ahora esposos e hijos dependen financieramente de la persona.
A partir de los cincuenta años comienzan a dejar de existir gastos anteriores relacionados con los hijos, al tiempo que se acerca la jubilación.
La estrategia de inversiones cambia ahora con, digamos, 80 por ciento colocado en valores conservadores como mercado de dinero, bonos del tesoro, corporativos de alta calidad y bonos municipales, y fondos mutuos que los contengan.
El restante 20% podría invertirse en acciones que rindan altos intereses.
A partir de la jubilación, ya sea a los 65 años o antes, es hora de recoger los frutos de haber planificado ahorros e ingresos, incluyendo los del Seguro Social, que garantizarán una tercera edad digna.