Los muebles de Raquel: historia de una línea de crédito

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Cuando Raquel aceptó una línea de crédito con un año de "gracia" poco se imaginaba que la deuda que estaba contrayendo por sus muebles se convertiría en una pesadilla.

Raquel Hernandez vive en Miami, y hace cuatro años, cuando firmó la compra de su primera casa propia, financió sus muebles nuevos con una línea de crédito que le ofreció una cadena de tiendas de renombre en el área.

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  • El financiamiento que le ofrecieron a Raquel es el que se conoce como una línea de crédito rotativa ("revolving credit line" en inglés). Es decir, es una línea de crédito abierta que va acumulando intereses sobre los intereses no cancelados. No era un préstamo personal cerrado ("close-end personal loan". En realidad, si hubiera cargado los muebles a su tarjeta de crédito no hubiera quedado peor parada.

    Para comenzar, Raquel aceptó la oferta de la tienda de muebles puesto que su límite de crédito en la tarjeta no le permitía cargar los casi 7.000 dólares que requería para amoblar su casa. Pero lo que más influyó en la decisión de Raquel fue el período de gracia que la tienda le ofrecía para comenzar a hacer pagos mensuales: un año de gracia, sin tener que hacer pagos por los muebles le permitiría establecerse en su nueva casa y comenzar a trabajar en un nuevo presupuesto.

    La alegría de los Hernández duró pocos meses. En el primer estado de cuentas se percato de su primer error: ¡había aceptado un préstamo al 22,9% anual! En el segundo estado de cuenta los intereses acumulados en dos meses superaban los 200 dólares, si bien el espacio de 'Pago mínimo mensual' decía cero dólares. Raquel llamó a la empresa financiadora y esta le corroboró que no tenía que hacer pagos hasta dentro de un año, pero si quería evitar pagar los intereses que se acumularían durante ese tiempo, tendría que pagar el total de la cuenta, los casi 7.000 dólares iniciales ANTES de que se cumpliera el año de gracia.

    Allí entraron los Hernández en estado de pánico. Sin tener que usar una calculadora científica o financiera, el sentido común les decía que si quería evitarse agregar 1.200 dólares o más, a su cuenta inicial de 7.000 dólares, tendría que pagar todo el préstamo antes que se terminara el año de gracia. De no hacerlo no solo se incrementaría su deuda de 7.000 a por lo menos 8.200 dólares sino que los intereses de los años siguientes se calcularían sobre este nuevo monto de deuda. Visto por encima: el 22,9% de 8.200 dólares serían unos 1.877 dólares más en el primer año.

    Raquel y su esposo evaluaron sus opciones: casi todos sus ahorros los habían invertido en la inicial de la casa y un 'colchón' equivalente a tres meses de pagos de hipoteca era todo lo que tenían disponible. Tomaron el equivalente a uno de los pagos de la hipoteca que habían dejado como colchón y lo mandaron como pago anticipado para ver el efecto en la acumulación de intereses: Los intereses seguían incrementando peligrosamente, al tercer estado de cuentas, inclusive después de haber cancelado casi mil dólares a capital, los intereses alcanzaban los 315 dólares.

    Cada mes Raquel escarbaba su presupuesto para mandar cien o doscientos dólares a capital. Ocho meses mas tarde, después de haber tomado cada uno de ellos un segundo trabajo y dedicado cada centavo de ese segundo cheque para pagar la cuenta a capital, este lo habían reducido a 3.250 dólares y los intereses acumulados sumaban 923 dólares.

    Se daban cuenta que no lograrían pagar todo el capital antes de terminar el año de gracia para evitarse el pago de los 923 dólares de intereses; no podían decirle a la financiadora que se llevara los muebles puesto que el crédito no se lo otorgó la mueblería sino una empresa financiadora externa, y no podían sacar una segunda hipoteca sobre su casa puesto que apenas tenían meses en ella: se encontraban con escasas opciones.

    Así que aceptaron una oferta de una nueva tarjeta de crédito que les llegó por correo con un interés de 9,9% anual de oferta introductoria por seis meses y transfirieron el saldo de la financiadora de los muebles a la nueva tarjeta.

    Lograron evitar pagar los casi mil dólares de intereses que se habían acumulado durante el año de gracia o "año de desgracia" como lo calificó Raquel, pero ahora tenían una tarjeta de crédito con un saldo de 3.250 dólares que, de no pagar dicho saldo antes de seis meses, la tasa de interés subiría de 9,9% a 12,9% para el saldo pendiente. Pero ya esa es otra historia...

    NOTA: Esta historia es completamente real: los montos, los "trucos", las consecuencias; los nombres de los protagonistas no, pero bien pudiéramos ser tu o yo.



    Fuente : Invertia EE.UU.


    Por Elianne González




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