Esta podría considerarse cuando el consumidor está lidiando con varios indicadores de problemas financieros, como por ejemplo cuando el total de sus deudas sin contar automóvil y casa excede lo que la persona podría pagar en cinco años o más.
Esto, sumado a otros elementos como que la mayoría de las deudas son no aseguradas, como las de tarjetas de crédito, facturas de servicios y médicas.
En particular este aspecto es relevante cuando varios de los pagos se retrasan más de un mes, sin expectativa de que la situación financiera personal pueda mejorar para ponerse al día.
Otras señales a considerar, de acuerdo con el Instituto de Bancarrota, son cuando existen órdenes de descuento de pagos del cheque de salario o cuenta bancaria personal, o cuando hay alguna demanda financiera en contra de la persona.
Igualmente, cuando se ha embargado alguna propiedad personal como el automóvil, se deben impuestos, y como sucede casi siempre en estos casos de finanzas en apuro crónico, cuando se reciben constantes llamadas y correspondencia de agencias de colección.
Es importante tomar en cuenta que el proceso de bancarrota ahora es más complicado desde que se aprobó en 2005 una modificación a la ley que rige este procedimiento.