Al barajar los pro y los contra sobre las tarjetas, la Asociación de Consejeros de Escuelas Estadounidenses admite que las lecciones pueden ser buenas o malas, pero que la clave descansa en cuán informados están los jóvenes sobre "las reglas del juego".
Desde muy temprana edad, los padres deben asignarle una mesada a sus hijos y exigirles que implementen planes presupuestarios.
Los padres deben insistir en que los hijos dividan todo el dinero que se ganen en tres partes:
Una tercera parte para ahorros e inversiones
Otra tercera parte para gastos personales y gustos
Y la restante para el presupuesto familiar, donaciones, o para inicar proyectos familiares que pueden ser desde un plan para un futuro negocio o para invertirlo en la bolsa de valores en acciones, bonos o similares.
El raciocinio, detrás de asignar una tercera parte al "presupuesto familiar", es que en la adolescencia los jóvenes pueden participar de algunas decisiones financieras que atañen a la familia.
Por ejemplo, si un hermano o hermana necesita dinero para comprar algo, o si hace falta pagar alguna factura del hogar, el joven puede pedir que se utilice su aportación que tendrá ese fin.
Este nuevo sentido discrecional ayudará al adolescente a entender aún más cómo funciona "la vida real" así como el valor monetario de algunos caprichos o artículos de necesidad.
Aunque, por lo general, muchos jóvenes que aún viven bajo el amparo de sus padres no tienen porqué preocuparse de cómo van a saldar sus deudas, es imperativo que los padres expliquen en detalle las consecuencias de no pagar a tiempo las deudas.
Un crédito defectuoso tiene consecuencias graves en la capacidad de obtener bienes en el futuro.
Por lo regular, la mayoría de los jóvenes tienen su primera experiencia con tarjetas de crédito cuando comienzan su vida universitaria.
Las tentadoras ofertas de las compañías de crédito hacen casi imposible resistir la tentación de sucumbir.
Según datos de la Asociación de Consejeros de Escuelas Estadounidenses, más de dos terceras partes de los estudiantes universitarios poseen actualmente al menos una tarjeta de crédito.
Esa es una razón muy importante para que sean conscientes de los riesgos del "dinero plástico".
Una tarjeta de crédito sirve para establecer un historial crediticio, "y depende de cómo se utilice, dicho récord puede ser positivo o negativo", subrayó la Asociación.
Cada usuario debe ser consciente de que cada vez que se usa la tarjeta de crédito "se toma dinero prestado, el cual, puntualmente todos los meses, hay que devolver, con intereses".
Los expertos subrayan que una tarjeta de crédito jamás debe sustituir al dinero, por lo que "nunca se debe cargar a la cuenta algo que en realidad no pueden pagar".
Estudios encomendados por el Departamento de Educación han encontrado que un gran porcentaje de estudiantes estadounidenses no saben cómo manejar dinero.
Este fenómeno ha motivado a muchas escuelas secundarias del país a incluir en sus currículos un curso sobre destrezas financieras para corregir la situación.
Entretanto, la Asociación de Consejeros recordó que el historial crediticio servirá para mantener o ser rechazados en préstamos, hipotecas o empleos en el futuro.
La entidad reiteró que ahora más empresas evalúan no sólo las transcripciones escolares -que reflejan el desempeño académico de sus potenciales candidatos a emplear-, sino también la forma cómo han cumplido con sus pagos a compañías de tarjetas de crédito, la cantidad de deudas y sus ingresos.