"Las festividades de fin de año, especialmente la Navidad y la
celebración del Año Nuevo, pueden remover nostalgias, recuerdos de
personas que han fallecido o de otras épocas vividas que lleven
hacia la depresión", comenta Rodríguez.
"En el trabajo, las semanas precedentes al fin de año
generalmente generan más presión, al tratar de concluir proyectos y
alcanzar metas antes de las festividades. Esto unido a la
obligatoria compra de regalos, se puede desatar incontroladamente en
las personas adictas a las compras, generando problemas económicos
graves para enfrentar al comienzo del nuevo año", añadió.
En enero, explica la experta, las deudas generan tensión o
depresión que tratará de ser resuelta "comprando más", en un ciclo
sin salida que cada vez se cierra más sobre la persona afectada.
Según registros de la Oficina del Censo de EE.UU. en diciembre de
2006 las ventas de los almacenes por departamentos sumaron 31.400
millones de dólares, lo que representa un aumento del 44 por ciento
con respecto a noviembre del mismo año.