Al mismo tiempo, al mercado laboral mexicano ha ingresado una generación numerosa. La combinación de esos elementos ha creado una inmensa presión económica, llevando a muchos trabajadores a buscar afuera mejores condiciones que las ofrecidas en casa.
"Creo que (los extranjeros) serán contratados por aquellos que sólo quieren mano de obra barata", opina en Rockford, Illinois, el sacerdote católico de origen mexicano Ricardo Hernández.
"Las cosas están tan mal en México que ellos tienen que trabajar aquí y se quedarán incluso aunque la paga sea muy baja", agrega Hernández. Como muchos de sus feligreses son indocumentados, ilustra que mientras el salario mínimo federal es de 5,15 dólares por hora, algunos inmigrantes ilegales trabajan por 3,50.
Mientras las condiciones en otros países empujaban a la mano de obra a emigrar, el rápido crecimiento de la economía de Estados Unidos en los años noventa estimulaba la demanda, especialmente en estados y sectores económicos que tradicionalmente no eran asiento de inmigrantes.
Saxton, contratista en Denver, recuerda que hace cuatro años comenzó a contratar inmigrantes después que los obreros estadounidenses se presentaban ebrios a trabajar.
Hoy en día paga entre 10 y 12 dólares la hora a los extranjeros sin documentos, casi un tercio de los 35 dólares que tendría que pagarle a un obrero local, incluyendo el seguro obligatorio por ley.