"El efecto en términos de remesas en un plazo de dos a tres años podría ser una declinación", dijo Agustín Escobar, especialista en inmigración en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, de México.
No existen cifras confiables sobre qué ocurrió con las remesas a México después que una ley estadounidense de 1986 legalizó a 2,6 millones de indocumentados; el gobierno mexicano reconoce que en esa época no seguía muy de cerca lo que ocurría con esos ingresos.
Según cifras del banco central, las remesas aumentaron el 39% en 1987, y luego descendieron 13% en 1988. Para 1990, el banco dejó de lado su viejo sistema para contabilizarlas aduciendo que no era confiable.
Una fuerte caída en las remesas podría ser devastadora para pueblos como Santa Ana del Valle, estado de Oaxaca, que tiene el mayor índice de inmigración de México y donde el 46% de los hogares reciben dinero enviado desde Estados Unidos.
"Aquí hay muchos que tienen familia allá, y que les mandan dinero. Gran parte del pueblo depende de eso", indicó el concejal Reynaldo Bautista, de 52 años.
Bautista dijo que, si pudieran, muchos inmigrantes se llevarían a sus familias con ellos al norte, un sueño que sería más fácil si se autoriza la legalización.