Un informe del Banco Mundial del 2006 indicó que las remesas equivalen al doble de toda la ayuda internacional para el desarrollo, y señaló que pueden "mejorar la solvencia de un país para solicitar préstamos externos y... ampliar el acceso al capital y a menores costos de los préstamos".
El informe sugirió que la mejor forma de optimizar el desarrollo en los países natales de los inmigrantes serían "programas de inmigración administrados... que combinen la inmigración temporal de trabajadores poco calificados con incentivos para que regresen".
Jesús Cervantes, director de estadística del Banco de México, dijo que la economía del país sólo sufriría en una situación extrema, como si los seis millones de sus inmigrantes indocumentados en Estados Unidos fueran deportados al mismo tiempo.
Considera poco probable que haya una fuerte caída en las remesas, y pronostica que habrá un flujo constante de inmigrantes _y por lo tanto de remesas_ durante tres décadas cuando menos, al persistir las diferencias salariales entre ambos países incluso bajo los mejores pronósticos.
Cervantes dijo que ya ha habido amnistías y reformas anteriormente, y seguirán ocurriendo periódicamente a medida que Estados Unidos se ajusta a su necesidad de mano de obra.
La pérdida de remesas podría ser compensada por dinero enviado a su país de origen por parte de los inmigrantes temporales que participen en un programa ampliado de trabajadores invitados, o por los que permanezcan al margen de la ley, y por lo tanto sería menos probable que llevaran a sus familias con ellos.