Existen algunos lineamientos generales, algunas
preguntas que las personas se pueden hacer para determinar si el
plan trazado les llevará por el camino correcto.
En primer lugar, debes preguntarte si tus metas son razonables y
medibles, si reflejan todo lo que está sucediendo en tu vida en
estos momentos.
Los objetivos que te debes plantear en cualquier plan
financiero que hagas deben ser cuantificables en términos monetarios. No basta
decir "quiero tener un retiro digno", se requiere saber qué monto
necesitarás para ello.
En base a este objetivo y a las tasas reales que esperas obtener por sus
inversiones, puedes determinar el monto que necesitas ahorrar
cada mes para lograrlo.
Asimismo, en ocasiones nuestras vidas reflejan cambios importantes
que seguramente impactan cualquier plan financiero.
Por ejemplo, el nacimiento de un hijo puede implicar costos
adicionales (guardería por ejemplo) o incluso que algún miembro de
la pareja deje de trabajar para cuidarlo. Esto, desde luego,
limita el ingreso disponible y por lo tanto, hace necesario revisar
el plan financiero.
Adicionalmente, eventos como éstos pueden tener un impacto en metas financieras trazadas con anticipación.
El mismo evento, el nacimiento de un hijo suele implicar la
necesidad de garantizar su educación superior.
Por lo tanto, revisa los eventos que están pasando en estos momentos en
tu vida. ¿Ha cambiado algo desde que estableciste tu plan? ¿Hay
algunas cosas que te gustaría lograr, que no habías considerado
antes?
En segundo lugar, un buen plan financiero debe ser construido
como un buen edificio. Debe tener cimientos sólidos, y cada
elemento debe estar balanceado con respecto a otros.
Antes de emprender una acción, debes medir el impacto de esa
decisión sobre tu plan al largo plazo.
Por ejemplo, si estás ahorrando para tu retiro con un
horizonte de 20 ó 30 años, una fuerte baja generalizada en las
bolsas no debe representar mayor preocupación.
Si decides cambiar la estructura de tu portafolio debe ser
ponderando el plazo y el riesgo que estás dispuesto a tomar, así como
el rendimiento que espera obtener por correr ese riesgo.
Recuerda que en inversiones, el riesgo se define principalmente
como la volatilidad, a diferencia del concepto tradicional que se
tiene.
En tercer lugar debe asegurarse de que tu asesor patrimonial
conozca tus metas así como tu mismo debes cerciorarte de que sabe para qué
y cómo se utilizará el dinero que inviertes.
Según el autor Carlos Armida cuando le pregunta a un
inversionista para qué quiere el dinero que está invirtiendo (para
qué lo utilizará), casi ninguno sabe responder concretamente.
Entonces, ¿cómo un asesor patrimonial puede aconsejar debidamente a sus clientes?
Lamentablemente, hay casos en los que los llamados asesores financieros no lo son en verdad. Muchos de los que se asiganan ese título, no
son más que promotores a los que su casa de bolsa les paga una
comisión por cada operación que realicen sus clientes.
Algunos carecen de la suficiente experiencia y se limitan a representar fondos de inversión que ni siquiera
conocen a fondo, aunque hayan aprobado los exámenes de certificación (ya sea ante la Comisión de Valores (SEC) o la Asociación nacional de Corredores de Bolsa, NASD por sus siglas en inglés.
Cuando una persona no se siente capaz de determinar por sí misma
el tipo de inversión que le conviene, debe preguntar buscar sin demora asistencia en su institución financiera.
Pero también debe asegurarse, además, de recibir la asesoría correcta. Una
buena asesoría no se puede brindar si no se conocen las necesidades,
metas financieras y perfil de riesgo de los individuos.
Si tu "ejecutivo" no te lo pregunta, puede estar seguro que la
asesoría que te va a dar no es la adecuada.
Todo plan financiero cambia y crece con el individuo. Es
importante, por lo tanto, tener una revisión del mismo al menos cada
año, y cada vez que exista un cambio significativo en su vida, que
pueda afectar dicho plan.