Los vendedores ambulantes se encargan de su basura y barren el área cerca de su camión para atraer a clientes, y enfrentan más retos que los restaurantes.
"Tenemos que sufrir humillaciones", dijo Pimentel. "Hemos sido asaltados a punta de pistola, nos llueve encima. Pagamos nuestros impuestos, cumplimos con nuestras obliganciones. Esto huele a discriminación".
El antagonismo surgió una década después que Salinas comenzó a otorgar permisos para vendedores con el fin de ayudar a empresarios de bajos ingresos.
Muchos choferes son inmigrantes recién llegados que venden picosas enchiladas o tamales de carne de puerco, los cuales son preparados por parientes antes del amanecer a las afueras de la ciudad.
Este nuevo conflicto realza el cisma generacional en Salinas, donde las raíces de algunas familias datan de épocas anteriores al Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, cuando México cedió California y gran parte del suroeste de lo que ahora es Estados Unidos.
Los descendientes de familias de pioneros a menudo ven con menosprecio a sus nuevos residentes.
"Ya no estás en México", dijo Campos sobre los vendedores. "Esto es Estados Unidos. En México, puedes hacer lo que quieras. En Estados Unidos, deseas tener calles bonitas. En México puedes tener vendedores ambulantes, pero en Salinas no los queremos. No queremos que la gente piense que se puede hacer aquí".