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ALBERTO MONCADA



LA IMAGINACIÓN SOCIOLÓGICA

La humanidad ha tenido que enfriar mucho sus emociones y sus creencias, sus mitos y sus ensoñaciones para llegar a ese descubrimiento. En el camino hacia tan sencilla, y con frecuencia desoladora, percepción se han quedado las explicaciones que nos daban o nos dábamos sobre nuestros encuentros y desencuentros. ¿No encuentras trabajo porque eres un vago, porque no buscas suficientemente, porque no aceptas lo que te ofrecen¿, es el epíteto que tanta gente joven recibe hoy cuando el mercado de empleo no les es propicio. Y menos mal que esta condena no suele ir acompañada de otra más rotunda de tiempos pasados: ¿No encuentras trabajo porque Dios quiere castigarte por tu indolencia¿.

Entender las circunstancias del mercado de empleo, emplear la imaginación sociológica, puede que no haga más llevadero el trance pero, por lo menos, sirve para que los desempleados no acepten el insulto añadido y se desanimen aún más.

La imaginación sociológica no ha solido estar en el currículo escolar, aunque desde hace cincuenta años en Europa y algo menos en España, los estudiantes de secundaria reciben clases de ciencias sociales y de una historia algo más contemporánea. Claro que las otras pedagogías, la calle, los amigos, lo que uno lee o escucha y la reflexión resultante equipan a las nuevas generaciones para entender las causalidades sociales casi con la misma claridad con la que las ciencias más duras les ayudan a entender las otras casualidades.

Los niños pobres adquieren la imaginación sociológica antes que los niños ricos y, sobre todo, que los de la clase media tradicional que, hace cincuenta o sesenta años, eran exhortados por las pedagogías formales y las informales a evitar un pronto encuentro con la dura realidad y a enmascarar ésta. La literatura picaresca existente en todas las lenguas y culturas nos presenta un variado muestrario de gentes hábiles en la gestión de la pobreza, astutos en las relaciones humanas, lo suficientemente al menos como para averiguar los propósitos que los más poderosos tenían sobre sus vidas y tratar de evitarlos. También los refraneros populares, en sus versiones oral y escrita, contienen ese recetario del que el pueblo ha echado mano para entender el mundo.

La imaginación sociológica es como el currículo invisible de nuestro aprendizaje vital, una maduración progresiva que nos ayuda a defendernos de los poderes más concluyentes. Porque los poderes y sus apéndices ideológicos tratan no solo de gobernar la realidad sino, sobre todo, de imponer su interpretación sobre ella. ¿El rey gobierna en nombre de Dios¿, ¿El sexo sólo es legítimo dentro del matrimonio¿.

De la imaginación sociológica vamos echando mano a medida que maduramos a la vida y, aunque ésta es más sabrosa cuando no la analizamos constantemente, puede resultar desastrosa si prescindimos de ella.


Alberto Moncada


Alberto Moncada
30/04/01



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¿Es necesario adquirir la imaginación sociológica para interpretar lo que nos pasa y evitar que las circunstancias nos gobiernen?. ¿Se puede aprender en los libros o es consecuencia de la experienca?
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ALBERTO MONCADA

Doctor en derecho por la Universidad de Madrid. Estudios de Sociología y Educación en la Universidad de Londres. Becario del British Council y de la Comisión Fullbright. Profesor en las Universidades de Madrid, Stanford, Lima, Internacional de la Florida y Alcalá. Consultor de la OEA, la Unesco y el Consejo de Europa. Ha publicado veinticinco libros y numerosos trabajos y artículos en colectivos y revistas especializadas.



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