Como recordarán, Chávez fue el único presidente que planteó reservas a la ``cláusula democrática'' del documento final de la cumbre, por la cual todos los países americanos, excepto Cuba --que no estuvo invitada por no tener elecciones libres-- acordaron que sólo los gobiernos elegidos y que respeten el orden constitucional podrán participar en la zona de libre comercio hemisférica planeada para el 2005.
Según me dijeron dos cancilleres latinoamericanos en Quebec, Chávez en líneas generales ``se portó bien'' durante la cumbre. Varios de ellos habían temido que el presidente venezolano, un ex militar golpista que está liderando lo que él denomina una ``revolución bolivariana'', estropeara el clima de la reunión arremetiendo contra Estados Unidos, y cruzando la calle para sacarse la foto con los 25,000 manifestantes anti libre comercio que protestaban contra la reunión.
Pero Chávez se quedó dentro de la reunión. Una petición conjunta de Brasil, Colombia y otros países al presidente estadounidense, George Bush, para que incluya a Venezuela en un plan de preferencias arancelarias para países andinos habría servido de aliciente para calmar los ánimos del mandatario venezolano.
Sin embargo, Chávez firmó el documento final con ``reservas''. Chávez dijo a los reporteros que la democracia representativa había sido ``una trampa'' para Venezuela y propuso un régimen de ``democracia participativa'' más basado en los referendos, un mecanismo que sus críticos señalan ha sido tradicionalmente usado por los autócratas que quieren hacer uso de sus grandes maquinarias propagandísticas para imponer su voluntad.
¿Por qué decidió Chávez ser la única nota discordante en la cumbre?
La respuesta más obvia es que objetó la ``cláusula democrática'' para protegerse de posibles sanciones de la comunidad hemisférica si su gobierno deja de ser considerado democrático en el futuro. Pero hablando con funcionarios de varios países en Quebec, escuché varias otras explicaciones:
Soberbia petrolera: Desde que asumió el poder, hace dos años, Chávez se ha beneficiado de un extraordinario aumento en los precios del petróleo, que subieron de siete dólares el barril hasta un récord de $31 en un momento. Según esta teoría, Chávez estaría mareado por el alza petrolera.
Estrategia negociadora: La retórica anti norteamericana y anti globalizadora de Chávez, con lemas de mediados del siglo pasado, no sería más que una forma de atraer la atención y posicionarse para negociar con Estados Unidos.
Narcisismo revolucionario: A Chávez no lo mueve la ideología, ni la estrategia política, sino su adicción a las cámaras. Simplemente, le gusta estar en el centro de la escena, como lo demuestra su propensión a hacer discursos de tres horas.
Nerviosismo revolucionario: Aunque su figura sigue siendo popular entre los venezolanos más pobres, Chávez está perdiendo apoyo debido a las huelgas de maestros y estudiantes, y a las denuncias de corrupción en su gobierno. Quizás quiso poner la nota discordante en Quebec para dar una demostración de fuerza a sus seguidores en Venezuela, siguiendo una ideología que muchos venezolanos llaman ``machismo-leninismo''.
Podrían ser todos estos factores, en especial este último. A pesar de la bonanza petrolera de los recientes dos años, que resultaron en un aumento de $8,000 millones en las reservas extranjeras del país, el desempleo permanece en más del 14 por ciento, las inversiones del sector privado están casi paralizadas, y la fuga de capitales --aunque difícilmente llegue este año a los $7,000 millones del año pasado-- continúa.
Para capear la tormenta, Chávez podría estar tratando de cerrar filas en torno a sus seguidores de la vieja izquierda. En las últimas dos semanas, ha declarado a la revolución china como ``la gran hermana de la revolución venezolana'', y a su regreso de Quebec anunció una nueva alianza política con el líder izquierdista Pablo Medina.
De manera que Chávez podría estar dando un giro hacia una izquierda más radical. Esto sería una buenísima noticia para Miami --cuya industria de bienes raíces y bancos son los principales beneficiarios del éxodo de la clase profesional venezolana hacia Estados Unidos--, pero no beneficiará mucho a los pobres en Venezuela, que tanto necesitan la estabilidad política que atrae inversiones nacionales y extranjeras.