Las botas mosqueteras de caña muy alta arrasan en las pasarelas de Milán
En otro estilo, correspondiente a otra época, pero muy Prada, las túnicas de los centuriones hacen ondas sobre las correas de cuero, o agitan toscos vestidos de piel, mientras los pies calzan delicados escarpines ribeteados con clavos. Clavos y más clavos, pero también cuero negro, cremalleras y transparencias: Roberto Cavalli reúne todos los ingredientes para un estilo harto seductor.
Las botas mosqueteras de cuero, con cremallera de arriba abajo, se pegan a la piel y escalan hasta el muslo para detenerse a la altura de unas nalgas cubiertas tan sólo por una minifalda de cuero negro o con pequeños clavos, que también aparecen en guantes que se creen mangas. Y para la noche ¿por qué no poner encima de un pequeño body negro un largo velo que deje casi todo a la vista?
También apuesta por las transparencias Salvatore Ferragamo, con corpiños de finísima rejilla, casi traslúcidos. La estilista Cristina Ortiz declina hasta el infinito esta minúscula malla redecilla en largas mangas que cambian de color en cuanto llegan al antebrazo antes de engarzarse en guantes decorados con una flor.
En la casa Marni, los calcetines de media - una de las prendas básicas del próximo invierno- se llevan sobre piernas desnudas con motivos de jacquard que repite en toda su colección y moderniza al extremo gracias a los cuadrados tallados en seda tornasolada o en tejidos alegres acolchados para un efecto gráfico muy refinado.
Los brocados, muy trabajados, cubren también algunas de las creaciones y compiten con imponentes collares-pecheras bordados con perlas, flores, cabujones y otros colgantes étnicos. Otra tendencia, que vuelve una y otra vez a lo largo de toda la Semana de la Moda, descansa en las pieles que se imponen, no con vistosos abrigos, sino en pequeños toques. La estilista Consuelo Castiglioni inserta algunos trozos en una chaqueta de lana enfurtida, hace con ellas pequeños cuellos o un chapka sostenido por cintas, e incluso grandes manoplas.
Casi tan grandes como los calcetines de Antonio Marras, caquis, dados vuelta por encima de botines atados como accesorio de una colección con tintes militares. El estilista sardo, también director artístico de Kenzo, trabajó un stock del ejército, añadiendo volantes, detalles de encajes y bordados de perlas para conseguir, de sopetón, unas prendas muy femeninas.
AFP

(Getty Images)
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