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El fantasma de la crisis planeó sobre los desfiles de alta costura parisina, que terminaron el miércoles, llevando a las casas de moda más conocidas a reafirmar su identidad y a las marcas más pequeñas a tratar de desempeñar el papel de laboratorio de ideas pese a sus medios reducidos.
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En la casa Dior, el "retorno a las raíces" fue lema de una colección dedicada al fundador de la marca, presentada en los salones de su sede como para recalcar ese regreso a las fuentes. Hay que valorizar "Dior, la marca y su pericia", afirmó el presidente de Christian Dior Couture, Sidney Toledano.
Se terminaron los bolsos, chaquetas y zapatos nuevos e indispensables cada temporada, dijo, estimando que en contexto actual de crisis económica la cuestión no es ya 'what's new?' ('¿qué hay nuevo?') sino '¿qué hay mejor?'.
La crisis llega a los grandes de la moda
"Lo que buscamos es la excelencia del producto", una creación que se sitúa "en la duración" y no en "el impulso" de la temporada.
Es por ello que la colección apostaba por las chaquetas 'Bar' de talle ajustado características de Dior, las faldas anchas de estilo New look y los finos bordados, con un toque de lencería sexy firmado por John Galliano.
También Chanel recordó las bases de su identidad: los perfumes (sobre todo el célebre Nº 5), como atestiguan los frascos gigantes del decorado y un estilo calificado por el propio Karl Lagerfeld de "más Chanel que nunca", empezando por los célebres trajes sastres de 'tweed' revisitados cada temporada.
Giorgio Armani presentó una colección para hacer brillar las estrellas, mientras Jean-Paul Gaultier rendía homenaje al cine y a sus actrices en un desfile sumamente aplaudido. Riccardo Tisci reafirmó el estilo Givenchy con un vestuario de gran personalidad en el que mezcló reminiscencias de los trajes tradicionales marroquíes y joyas rock.
Con mucho menos medios, las pequeñas casas, como Gustavo Lins, Alexandre Matthieu, Rabih Kayrouz o 'On aura tout vu' se esforzaron en desempeñar el papel de laboratorio de ideas, considerado tradicionalmente como la esencia de la alta costura.
Con una disminución de sus pedidos de 30%, la firma de Gustavo Lins "está en peligro", según el propio diseñador, que acota, sin embargo, que "la economía de medios es lo que lo ayuda a crear". El creador brasileño sintetizó en su colección el trabajo de investigación que lo caracteriza con los quimonos, las prendas masculinas y la porcelana.
La marca 'On aura tout vu' (de los diseñadores Livia Stoianova y Yassen Samouilov) integra a su trabajo la naturaleza con, como ejemplo, un corsé esculpido de madera y encaje adornado con pedrería y plumas.
Franck Sorbier utilizó su reserva de telas y "rebañó los cajones" de la firma para componer una pequeña colección personal en "este período difícil".
Víctima de la crisis y de problemas de gestión, Christian Lacroix, bajo administración judicial, propuso, con los pocos medios que le deja su situación, una colección tan corta como magistral. Su desfile, fuertemente ovacionado, podría ser el último del célebre creador.
Pero no por ello hay que considerar que la alta costura ha muerto. "La evolución forma parte de la moda y de la vida, y la alta costura vive con su época. El producto de nicho, particular, excepcional, tiene su espacio, y la crisis se llevará sobre todo los de gama intermedia, las cosas demasiado fieles a los códigos del siglo pasado", según Christian Lacroix.
Por lo demás, nuevos talentos hicieron su entrada en la alta costura: el dúo francés formado por Alexandre Morgado y Matthieu Bureau conquistó al público con vestiditos de gracia poética para jovencitas, y el libanés Rabih Kayrouz, que optó por una presentación fija, menos onerosa que un desfile, para proponer una silueta reinventada con transparencias y volúmenes.
AFP