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Peor aún son las consecuencias para los adolescentes, en proceso de crecimiento. "Un chico se puede exponer como objeto sexual a los 15 años, pero en realidad la prostitución no es una elección de vida. Y de golpe se encuentra con propuestas que ya no son un juego, sino realidades que no puede manejar emocionalmente", alerta el sexólogo Enrique De Rosa, también consultado por Terra.
Esteban -otro ejemplo real donde también se reserva la identidad de la person - era un adolescente fachero que trabajaba sus músculos en un gimnasio. Le sugirieron que se sacara fotos. Cuando el joven subió sus imágenes a Internet, enseguida se encontró con un alto nivel de demanda. Al poco tiempo, tenía toda una troupe de mujeres maduras que le compraban cosas.
Por dinero también, aceptó trabajar como stripper en un boliche. Y en su afán de voltear normas tuvo una aventura con la novia del dueño. Por supuesto, el hombre reaccionó violentamente y recién ahí el joven se asustó. Él, que ya había solicitado ayuda psicológica por adicción a las drogas, llegó al consultorio sin el registro de que se estaba prostituyendo. Recién a raíz del miedo pudo reconocer que estaba fuera de control.
"Los videos y fotos parecen un juego anónimo dedicado a una camarita, pero estamos hablando de exponer la intimidad a una audiencia muy amplia", señala De Rosa. Y advierte: "Las fantasías de los demás no son menores, y no hay que jugar con eso".
Del otro lado de las pantallas, el video porno creció como fenómeno y el interés por las filmaciones caseras es tal que puso en jaque a la industria del porno convencional. Para satisfacer los gustos de la demanda, las películas XXX comenzaron a sumar elementos de los videos amateur, como la exhibición de cuerpos comunes y corrientes y en actitudes más verosímiles.
El boom del porno hogareño es propiciado por tecnologías (cámaras web, celulares con cámara, etc.) que facilitan el registro de las imágenes, y por las oportunidades que ofrece Internet para la difusión.
Según los especialista, registrase y mostrarse responde, en lo profundo, a fantasías exhibicionistas y voyeuristas -el deseo de mirar, mirarse y ser mirado- potenciadas. Hoy también se puede hacer desde los medios masivos, en una época en la que los límites entre lo privado y lo público están desdibujados y donde las imágenes ligadas al sexo son un preciado objeto de consumo.
Terra / Mariano Wolfson