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Generación canguro  

Hombres que no cortan el cordón

Todo el tiempo acuden al hogar materno. Son los denominados 'hombre canguro', aquellos ejemplares del sexo masculino que se resisten a cortar el lazo que los amarra a las faldas o la protección de las madres.

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Los canguritos al nacer miden apenas tres centímetros y sólo tienen completamente formadas las manos, que les ayudan a agarrarse con fuerza a la famosa 'bolsa marsupial' que tienen las hembras de esta especie. Allí permanecen alrededor de ocho meses, hasta que el pequeño canguro ya está suficientemente crecido como para salir. Aunque seguirá mamando durante bastante tiempo, paulatinamente irá sustituyendo la leche por bocados de hierba, la madre asea a su cría y la vigila siempre, pues resulta un plato apetecible por los depredadores.

Ante el menor peligro, el joven entrará en la bolsa de nuevo y permanecerá allí hasta que desaparezca la alarma. Poco a poco aprende a moverse en cuatro patas, pero tardará un tiempo en poder correr a saltos como sus padres. La madre, en cambio, puede brincar a la carrera perfectamente con su cría crecida dentro del marsupio.

No, no te has equivocado. No nos hemos volcado a la zoología sólo por amor a la naturaleza, sino para hacer una analogía con esos hombres que siempre vuelven 'a la bolsa de mamá' cuando necesitan algo. ¿Más claro? Nos referimos a aquellos integrantes del sexo masculino que no se han decidido a cortar el cordón umbilical ya sea con la madre o con la casa paterna y que denominamos 'hombre canguro'.

Actualmente parecieran estar muy en boga. No sólo siguen viviendo en casa de los padres, sino que, aun cuando se han alejado y han formado su propia familia, pareciera que un imán los atrae una y otra vez a sus orígenes parentales, y se transforman en la peor pesadilla de una mujer.

Según una encuesta realizada en chile el 43,7% de los jóvenes entre 25 y 29 años vive con sus padres. En Alemania, dos tercios de los jóvenes de entre 21 y 27 años viven todavía con sus padres y en su mayoría siguen recibiendo ayuda financiera de ellos hasta los 29 y más. Y en España, la cifra llega al 60% de los jóvenes en 21 y 29 años.

Antes los hombres trabajaban para mantener a su familia. Con los cambios ocurridos en la sociedad, en la que las mujeres también trabajan, hay menos matrimonios, se forman familias más pequeñas, etcétera.

También los roles asignados a hombres y mujeres han variado. Él ya no es el macho proveedor, ni ella la mujer sumisa y obediente. La mayoría de los especialistas apunta al fenómeno de la adolescencia extendida, incluso se habla del síndrome de Peter Pan, el de 'no querer crecer'.

En uno de sus artículos, la sicóloga Pilar Sordo lo explica en que 'el quiebre de irse de la casa les genera mucha angustia y ansiedad. Quieren ser adolescentes eternos y no soltar el lazo. Les da miedo valerse por sí mismos porque no tienen las habilidades. Es una generación muy protegida por sus papás. Tener que pagar las cuentas, por ejemplo, los haría tomar decisiones que impliquen madurar y adquirir compromisos permanentes'.

Terra Chile