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Mal de amores en la adolescencia

Los periodos de "luto" por un amor perdido pueden durar entre 20 segundos y 2 años, dependiendo de la madurez del joven y el tiempo que duró la relación.

Todo lo que se ama y se pierde es motivo de dolor, todos lo sabemos y los padres a veces nos sentimos impotentes cuando vemos sufrir de "mal de amor" a un hijo adolescente, a esta edad el amor es muy profundo, ¿quién ha olvidado el primer amor que se tuvo a esa edad?
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Cuando vemos a un hijo triste, que no tiene apetito, que pasa los días como un sonámbulo, o que quiere dormir todo el tiempo para no tener qué pensar, nos preocupamos y con motivo: a esa edad algunos jovencitos desgraciadamente han llegado hasta el suicidio.

Los periodos de "luto" por un amor perdido pueden durar entre 20 segundos y 2 años, dependiendo de la madurez del joven y el tiempo que duró la relación. La mayoría de los adolescentes se tardan entre 3 y 6 meses en recuperarse, dice el doctor Ari Kiev, autor del libro "Sobreviviendo las Depresiones".

Es bueno que tanto los padres como el adolescente tengan el conocimiento que, cuando una relación termina, la persona se sobrepone del rompimiento en etapas muy bien definidas. Millones de jóvenes pasan por este trauma todos los años y atraviesan la tormenta de la misma forma, poco más o menos.

Las nueve etapas de recuperación
Estas son las nueve etapas del camino que, de acuerdo con la experiencia de los psicólogos, hay que recorrer para llegar a una recuperación total:

  • Regateo. Generalmente se trata de negociar con el destino y con Dios, ofreciéndole mejorar como persona, a cambio de que él o ella vuelva a su lado.
  • El pesar. El o ella se sienten con dolor en el pecho, dificultad para respirar, están aturdidos emocionalmente, se sienten desesperados, torturados y abandonados.
  • Dolor. La sensación de pérdida les causa angustia, se sienten desposeídos en una forma intolerable.
  • Miedo. Por las noches sienten temor y no pueden evitar pensar que están solos para siempre.
  • Tristeza. Sienten una profunda pena porque la vida los llevó hasta ese punto y una desconsolada impresión de lo que pudo haber sido, "si sólo...".
  • Cólera. Se indignan de que su novio o novia no los haya apreciado, se enfurecen, se rebelan contra las circunstancias que creen tuvieron la culpa de la ruptura.
  • Depresión. Lloran, creen que ya no pueden más, no quieren salir y ni siquiera desean conversar. Se sienten débiles y aletargados.
  • Aceptación. Es el primer paso para sentirse bien. El joven empieza a pensar que puede sobrevivir al rompimiento. Reconocen lo que fue para ellos esa relación, entienden que ya terminó y que la experiencia con su pareja concluyó para siempre definitivamente.
  • Esperanza y recuperación. Empiezan a cuidar su aspecto, a divertirse cuando salen con su grupo de amigos y a interesarse por conocer a otras personas.

    Las etapas anteriores no son nada predecibles y el camino no es fácil. Hay tres escollos particularmente difíciles para la mayoría de los jóvenes: el pesar, la cólera y la aceptación.

    El pesar. Es difícil para un adolescente cuando su pareja rompe la comunicación sin más, explica la doctora Goodridge, él o ella quieren saber qué pasó para librarse del pesar y empezar a vivir de nuevo.

    La cólera. Según los expertos, los adolescentes saben que sufren, pero muchos no se dan cuenta de hasta qué punto están encolerizados y actúan sin pensar.

    La aceptación. Los jóvenes que se quejan de que no pueden aceptar que la relación terminó, se torturan revisando cosas compartidas (una canción, un video, fotografías) y vuelven atrás en su recuperación, echando a perder todo el terreno ganado, porque vuelven a tardar días en reponerse y salir adelante.

    La doctora Goodridge afirma que la aceptación es sumamente difícil, porque cuando él o ella creen que están mejor, los recuerdos vuelven y ellos vuelven atrás.

    Cuándo buscar ayuda profesional
    La doctora Deborah Phillips, una terapeuta conductista de Nueva York, sugiere que busque ayuda profesional si:

  • El adolescente continúa sin poder dormir y comer normalmente después de una semana.
  • Le resulta cada día más difícil levantarse de la cama.
  • Comienza a contemplar insistentemente la posibilidad de suicidarse. A veces solamente diciendo que está cansado de vivir.

    Estos son síntomas de depresión profunda que deben tratarse inmediatamente. Además procurar controlar cualquier tendencia obsesiva.

    Es muy importante que el adolescente entienda que él no está solo, que a su alrededor hay decenas de jóvenes y hasta personas maduras que están pasando por el mismo problema y se las arreglan para sobrevivir.

    Y que él también lo hará y por muy imposible que parezca ahora, tal vez llegue a recordar la experiencia como algo positivo que le ayudó a ser más fuerte y maduro.

    La autora es Licenciada en Psicología.

    Terra/Pilar de la Garza/ Grupo Reforma