Diana, un icono mundial con un destino que mezcló magia y tragedia
"Lady Di" tenía todos los atributos para convertirse en reina, sobre todo, tras el nacimiento de sus dos hijos, Guillermo, el 21 de junio de 1982, y Enrique, el 15 setiembre de 1984.
Pero la jovencita no sospechaba aún la estrechez de la jaula dorada en la que se había metido. Su manera de ser, emotiva, compasiva y abierta, chocó con la del frío e impasible Carlos y con el clasicismo de la familia real británica.
La pareja real empezó a desgarrarse bajo la mirada de la prensa sensacionalista, que documentaba con detalle cada gesto de desamor, cada infidelidad.
Carlos se volcó hacia su amiga y amante de siempre, Camilla Parker-Bowles, mientras Diana multiplicó los amoríos, entre ellos con el patético capitán de caballería James Hewitt, que vendió luego sus secretos de alcoba al mejor postor.
En una conmovedora entrevista, en 1995, Diana se refirió a esos años plagados de desamor, soledad, incomprensión y anorexia, que la llevaron incluso a intentar suicidarse.
"Lady Di" trató de oponerse, en vano, a un divorcio que se volvió ineluctable después de que así lo ordenara la madre de Carlos, la reina Isabel II.
Anunciado en diciembre de 1992 en el Parlamento, el divorcio fue pronunciado en agosto de 1996. Diana perdió el título de Alteza Real, pero los 17 millones de libras que pagó Carlos la volvieron una mujer inmensamente rica e independiente.
Convertida en la "reina de corazones", Diana intensificó sus compromisos humanitarios, mostrando corazón y compasión con una decena de causas y volviéndose defensora de los excluidos y marginados en varios puntos del planeta.
Seguida a cada instante por los "paparazzi", con los que creó una relación extraña, hecha de mutua necesidad, de amor y odio, Diana creyó que podía controlar esa intrusión en su vida privada.
Creyó también que podría rehacer su vida y ser feliz, junto a su compañero sentimental, Dodi Al Fayed.
Pero esas ilusiones saltaron hechas añicos en el puente de Alma en París, el 31 de agosto de hace diez años, donde el cuento de la bella princesa terminó en tragedia.
Terra/AFP

(Getty images)







