Amor, ¿cuestión de moléculas?
Endorfinas, oxitocina, feromonas¿ Las puntas de las flechas que dispara Cupido están impregnadas con éstas y otras sustancias hormonales, que nos trastornan, vuelven apasionados y convierten en verdaderos adictos a nuestra pareja. La mala noticia es que parecen tener una fecha de caducidad.
A quienes comparan el enamoramiento con una droga no les falta razón, porque en este sentimiento es decisiva la intervención de las hormonas, unas sustancias segregadas por las glándulas de secreción interna o endocrinas y que circulan por la sangre, llegando a todo el cuerpo: unos mensajeros químicos que afectan la función de otras células, tejidos y órganos.
Hace poco, Gabriele Pauli, una política de 50 años, que milita en conservadora Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), saltó a las primeras páginas de la prensa alemana con su propuesta de que los matrimonios no sean "hasta que la muerte nos separe", sino que su duración se limite a siete años y sólo se renueve si existe acuerdo entre los cónyuges.
Pauli defiende las ventajas del matrimonio a plazos, señalando que de ese modo se evitan los engorrosos divorcios y mantener una ficción cuando ya no existe el amor, el cual ¿según esta política- suele durar unos siete años.
Algunos expertos conceden una cierta base científica a la propuesta de la política germana, al sostener que el enamoramiento, entendido como una ¿adicción a otra persona¿, tiene una fecha de caducidad: la que le marca el declive en la producción de una serie de compuestos hormonales que el organismo de los enamorados deja de segregar paulatinamente; dos de los principales son las endorfinas y las apomorfinas.
Según el médico psiquiatra José Miguel Gaona, autor del libro ¿Endorfinas: las hormonas de la felicidad¿, el amor "no deja de ser una conjunción de reacciones químicas, ligadas a otros estímulos como la alimentación, la actividad sexual o las aficiones similares".
Reportajes Efe

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