Baños turcos, para relajarte y purificarte
Esta relajante práctica proporciona múltiples efectos positivos en el cuerpo. El calor estimula el aparato nervioso y hormonal. Con la obertura de los poros, eliminamos impurezas y toxinas de la piel.
El efecto expectorante del vapor mejora nuestra respiración. Además, el intercambio de gases incrementa su efectividad. En resumen, todo el sistema cardiorrespiratorio se beneficia de un tipo de baño que resurgió en Europa hacia finales del siglo XIX de la mano de empresarios y políticos colonialistas.
- En la actualidad
En Turquía, el turismo ayuda a reflotar este tipo de establecimientos. Los ¿tellak¿, encargados de los masajes y de las friegas con el ¿kese¿, son personas que aprenden el oficio casi siempre de herencia familiar.
En estos espacios intentan recuperar el sabor tradicional a partir de un ambiente rústico y un trato exquisito. Esto convierte el baño turco en una delicia para los visitantes de la milenaria Istanbul.
Sin embargo, la sociedad moderna también ha adaptado este lugar al hombre urbanita. En las ciudades, el baño turco ha ocupado un puesto importante como oasis de paz y recogimiento contra el estrés de la calle.
De forma más básica, en estos establecimientos se ofrece el baño de forma más simple, basada en la purificación y la relajación a partir del baño con gas de agua. En contraste con el ¿baño seco¿, propio de la sauna finlandesa y otros métodos nórdicos, en el turco el vapor es el protagonista.
Ahora sólo falta dejarnos caer por uno de estos lugares y así conocer los pormenores de esta tradición ancestral recuperada para nuestro disfrute.
Reportajes Efe

(Efe)









