¿Nuevas familias, nuevos problemas?
Los tiempos cambian. La gente cambia. Las familias cambian. Vivimos a mil por hora y nos encontramos en un proceso de aceleración de nuestras relaciones sentimentales cuyas consecuencias pueden ser traumáticas. O no. De todas formas, la realidad es que el modelo tradicional de familia se está agotando inexorablemente. Las opiniones se enfrentan a la hora de valorar si esto supone un adelanto o un retroceso. En todo caso, nadie duda en afirmar que todo esto viene provocado por nuestra nueva forma de vida.
El aumento de las relaciones prematrimoniales y los embarazos entre adolescentes son un síntoma claro de que el modelo cultural que ha imperado desde hace décadas en nuestra sociedad está obsoleto. Hasta hace poco, la cronología de una relación ¿hasta que la muerte los separe¿ consistía en el noviazgo, la boda y la vida junto al cónyuge y los hijos. En esta situación, la mujer era lastimosamente infravalorada, y su papel se limitaba al cuidado del hogar y, en muchos casos, la responsabilidad total sobre los hijos.
Los progresos en el campo de los derechos femeninos fueron un paso adelante. La independencia de la mujer y su entrada en el mercado laboral relegaron a un segundo plano los quehaceres familiares. La dependencia económica respecto el marido se había acabado, así que el divorcio, poco a poco, empezó a ser una realidad cada vez más corriente.
Víctimas pequeñas
Y en medio del atolladero, los niños. Ellos han sido las principales víctimas de estos inestables cambios familiares. Con mamá y papá ocupados durante la mayor parte del día en sus respectivos empleos, los pequeños han perdido muchas veces el referente vital de sus progenitores, sobre todo en el caso de los más pequeños. Crecen envueltos en un parque temático de videoconsolas, clases de inglés e informática y canguros a sueldo.
Reportajes EFE

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