Flashes, modelos y lujo en la semana de la moda...canina
A los lados de la pasarela, el público tomaba notas y sacaba fotografías, como en un desfile de ropa para humanos.
Björn Gärdsby lo vio claro hace cinco años cuando abandonó el negocio de la música y aprovechando un resfriado de Manfred lanzó una empresa que hoy tiene presencia en Nueva York, Milán, Londres, París y Tokio.
"Este perro de la fotografía ha besado más chicas guapas y famosas que tú y yo juntos", afirma Björn, "y eso que yo antes me dedicaba al negocio de la música".
Este avispado empresario sueco y su mujer, que se encarga de diseñar las piezas, se han centrado en la gama alta del mercado y recientemente han lanzado una colección conjunta junto a Swarovski de abrigos de piel para perros con pedrería.
"La gente trabaja mucho y no tienen tiempo para tener hijos, por eso las personas aman a sus perros. A veces se gastan más dinero en sus mascotas que en ellas mismas", razona Björn.
Este fenómeno sociológico, el traslado a las mascotas de recursos familiares que en otro tiempo hubieran sido de los hijos, es particularmente evidente en Japón.
En este país, con uno de los mayores índices de soledad del mundo, los accesorios y los servicios para perros son algo natural.
En Tokio, por ejemplo, en el centro comercial Midtown, el más moderno y lujoso de la ciudad, hay un salón de belleza para perros y en muchos lugares se puede alquilar por horas un perro de compañía por unos 12 euros.
Los japoneses le han puesto un perro a su vida llena de complementos, electrodomésticos y gadgets urbanos y lo han educado para que lleve su ritmo de vida en una país ultramoderno.
Por ejemplo, en la fiesta del perro de Año Nuevo, profesores de yoga enseñaban a los dueños a agregar a su perro a los ejercicios, en una variante de este deporte oriental que aumenta los lazos entre dueño y mascota.
La mayor parte del público que acudió a la fiesta del perro, celebrada en una de las más importantes centros de exposiciones y ferias de la capital japonesa, se llevó consigo a su mascota en brazos, atado con una correa y en muchos casos, dentro de un carrito parecido a los de bebés.
La vida del perro urbano en Japón ha pasado de ser un incordio para el dueño cada vez que tiene que bajar al parque para hacer sus necesidades, a viajar en taxi para ir a la peluquería.
Terra/Efe

(Getty Images)
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