Erótica conyugal: entre placer y rutina
Ligar eternamente el placer de una mujer a un determinado hombre, es un acto de servidumbre. Establece una jerarquía de posesión y dominio insanos, con una reacción de hostilidad bajo dos fenómenos.
Por un lado, un complejo de castración, una ofensa en ese acto de ser “desflorada”. Por otro, una represión que, a la larga, acaba en un rechazo hacia la pareja conyugal. En las alas del placer, el intento de ser cortadas con tabúes y prejuicios, deriva en una actitud servil, pero nunca plena y orgásmica.
- Virginidad ¿sagrada?
Ello también era común entre los romanos y civilizaciones indígenas de América, donde la virginidad no es tan sagrada como la impuesta por estrictas religiones.
Dentro del matrimonio, la erótica entre los cónyuges es toda una asignatura pendiente. El hombre suele mermar en su deseo sexual y, conforme pasa el tiempo, no ver a la mujer como una amante deseada, apetecida, sino únicamente como la madre de sus hijos.
Ello conlleva el riesgo de unas relaciones rutinarias, monótonas, que pueden abocar en la ruptura conyugal. Las segundas nupcias ya estarán más libres de tales efectos.
Por eso, y tal como escribió Plutarco en su famoso “Erótico”, la pasión se inventa cada día, si existen madurez y autoestima. Es la única manera de salvaguardar unas relaciones sexuales conyugales que pueden pasar por muchos altibajos.
El mayor peligro del matrimonio y las parejas estables es precisamente la rutina y el aburrimiento, lo que lleva, como bien dice el refrán, a buscar fuera de casa lo que no se tiene dentro de ella. Rutina y servidumbre son los mayores enemigos de una erótica conyugal sana y excitante.
Reportajes Efe

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