John Galliano, un canto a la belleza
Los bordados, geométricos, asimétricos, a lo Gustav Klimt; en ocasiones inspirados en la naturaleza y también en pieles de animales como la pantera, el cocodrilo o la serpiente, adornaban a veces grandes corolas de flor, en los bajos de una falda o en el hombro de un abrigo.
El maquillaje, aparatoso, parecía bordado también, con lentejuelas de colores vivos, a juego con el modelo y con los zapatos, estos de alto tacón sobre plataforma, para andar muy despacito y con mucho arte.
En la cabeza, sombreros también de inspiración oriental, a veces bordados a juego con su modelo, otros con plumas superpuestas, otros simplemente metálicos, como platos, cubos o dedales gigantes, sujetos sobre cabelleras voluminosas.
“Mi trabajo es hacer soñar a la gente” declaraba el diseñador, vestido de negro, tras el punto y final de su colección. Con este apoteósico desfile se inició la semana de la alta costura, donde otros de los grandes modistos, Valentino se despide de la moda después de 45 años.
Demostró, ante todo, que tras haber celebrado escultural e históricamente el 60 aniversario de la fundación de Christian Dior, en 2007, todavía era capaz de ir más lejos, de profundizar aún más en esa mezcla de extremo lujo y osadía que aporta a la firma desde que hace diez años comenzara a dirigir su destino artístico.
Reportajes EFE

(Efe)
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