¡Llévalo a tu terreno!
- • “Nunca participa en las tareas domésticas: estoy agotada”
La limpieza, orden y cuidado de la casa, son actividades tan poco gratificantes como necesarias: aunque no nos gusten no hay más remedio que cumplirlas. Cuando dos personas trabajan fuera y viven bajo el mismo techo, lo más justo es compartir las actividades domésticas: no hay argumentos valederos para que recaigan solamente en la mujer.
Elabora una lista con las distintas obligaciones que hay que cumplir, distribuye las tareas de forma concertada, de acuerdo a las habilidades y preferencias de cada uno, y pónla en un lugar bien visible para que cada cual sepa lo que debe hacer.
Él debe cambiar su actitud no sólo por él mismo, para hacerse cargo de su propia responsabilidad en el bienestar de la relación, sino por ti, para darte muestras de respeto, igualdad y solidaridad.
- • “No logro que cambie de actitud pese a que se lo pido”
A veces, conseguir que alguien modifique su modo de actuar puede resultar más sencillo de lo que parece si se emplea la diplomacia y un poco de habilidad psicológica.
En lugar de sólo criticarle por lo que hace mal o deja de hacer, intenta elogiarle y agradecer sus esfuerzos y progresos, y en vez de hacerle continuos reproches, bríndale tu apoyo y colaboración para que cambie y aprenda cómo hacer las cosas.
De todos modos, evita imponer tu criterio, ya que puede haber distintas maneras de realizar una tarea, y evita darle instrucciones, porque puede ser humillante para él. Respeta su propio estilo y recuerda que nadie tiene siempre la razón.
También puedes recurrir al sentido del humor: dándole una recompensa cada vez que haga algo que te haga feliz o desista de algo que pueda incomodarte.
Reportajes Efe

(Efe)









