Cambio de estación, ¿cambio de humor?
3/3/2008 - 08:15(EST)La primavera es la época de plenitud en la naturaleza y en los seres vivos también se manifiesta de forma que nos sentimos más enamoradizos y con los ánimos exaltados. Es lo que hace el paso del invierno en esta nueva travesía del año en la que el Sol comienza a hacer más largos los días y con él aumentan las expectativas.
Los cambios que se producen desde los primeros días de la entrada de esta estación suelen ser celebrados en todos los continentes y han sido apreciados en cualquier etapa de la historia de la humanidad, por los beneficios que aporta a la naturaleza y a la vida.
Poetas, pintores y artistas de todas las disciplinas artísticas han dedicado obras a la primavera y famosos son algunos de estos trabajos inspirados por esta época del año. Y no lo podría ser menos, porque a la primavera están asociados el amor y la sensualidad, evocadas por la eclosión de la vida que permaneció dormida durante los días de invierno.
- Una estación, un estado emocional
Durante el verano, el calor predispone a la gente al ocio y a la vida sosegada, al disfrute de las actividades lúdicas. Viajes, descanso, sol y playa son ideas que se asocian con esta época del año. Es el apoteosis de esos 365 días que forman el periodo anual, pues en ello hemos depositado nuestras ilusiones mientras que teníamos que ejercer una tarea rutinaria que nos ha ocupado el resto de los once meses.
Tras el periodo estival, la llegada del otoño nos predispone a la melancolía. Es un estado en el cual intervienen varios factores y cada uno de ellos con su singular importancia. El Sol comienza a desaparecer del horizonte a medida que caen las hojas del calendario. Al acortarse las horas de luz, la actividad también tiende a apagarse simultáneamente, como si la energía se restringiera. Pero lo que pasa por la psicología humana resulta que transcurre en la naturaleza, se trata de una simbiosis que nos recuerda que no somos muy diferenciados en la vida del planeta Tierra.
Con la imagen de las hojas desprendiéndose de los árboles, no solo poetas, músicos y pintores han creado bellas escenas, también los simples mortales hemos recordado el paso de los años y hemos añorado esas hojas de nuestra vida que hemos dejado caer de nuestro propio árbol. El amarillo, símbolo de la vejez, hace su aparición ocultando el verde joven y sano que meses antes refulgía en los campos.
Reportajes EFE

(EFE)









