El orgullo mexicano del Cinco de Mayo
"Hasta que un día, mientras almorzaba en un restaurante mexicano en Dallas (Texas), vi a un grupo de mariachi que tocaba muy regular. Sólo eran tres y fue cuando me ofrecí como violinista y desde entonces todo ha ido muy bien", explicó.
Carrasco no lee partituras ni quiere estudiar para descifrarlas. Asegura que toca "por instinto y por amor" y junto a sus conocimientos de contabilidad ha podido crear una fórmula ideal para sobrevivir y sacar adelante a su ahora rebautizado "Marichi Carrasco".
"Le cambié el nombre al grupo, busque otros músicos 'de corazón' y ahora no sólo tocamos y nos divertimos en restaurantes y fiestas, también ganamos nuestra lana y tratamos de vivir la vida sin preocuparnos mucho", agrega Carrasco.
Y es que lo que lo inquieta a él y a todo su grupo es el estatus migratorio de cada uno de ellos. Desde que llegó no ha podido lograr la legalización y, según comenta, "está muy difícil que me llueva tanta suerte".
Carrasco no es el único en esa incómoda situación. María Villatoro es "casi dueña" de un salón de belleza desde hace tres años en un exclusivo barrio de Dallas. Sus clientes hacen reservas con un mes de anticipación y su negocio es considerado por algunas revistas locales como uno de los mejores en la ciudad.
- Negocios grandes y pequeños
Su principal obstáculo es que su negocio - aunque ella esté al mando- no está a su nombre sino de un pariente que sí es documentado legal en EEUU. "Hay veces que me siento como un fantasma. Estoy aquí, trabajo como el resto de mis empleadas, pero a la misma vez no aparezco en la planilla porque pueden haber problemas", dice Villatoro, originaria de Tamaulipas (México) y madre de dos jóvenes universitarios.
Reportaje EFE

(Getty Images)








