El orgullo mexicano del Cinco de Mayo
Una pareja que ha sabido engranar muy bien el negocio con su estatus migratorio es Juan y Melinda Román, originarios de Monterrey (México). Desde que llegaron hace dos años, participan en un sinnúmero de ferias y festivales en donde "solo nos piden que paguemos la renta del local por adelantado y nada más".
Ellos viajan por todo el estado, de ciudad en ciudad o "por donde el destino nos lleve". Su pequeño negocio consiste en que el público pague por llenar un frasco de arena de colores.
"En realidad es sal combinada con tizas de colores ralladas con una lija. Luego, cada persona elige el frasco o botella de diversas formas y va colocando la sal en varias capas de colores", agrega Juan García, quien sonríe cada vez que habla de su pequeña empresa. Para su esposa Melinda, su ilegalidad es lo que muy a menudo la impacienta y le da a su vida un sabor agridulce.
"Es como ser un grano de arena dentro de una de las botellas que vendemos. Todo parece estar bien, pero estás encerrada al igual que miles de personas en una situación comprometedora", comentó Melinda Román.
Para ella, esta situación es sólo pasajera. "Es difícil vivir para siempre con cierto temor. Por eso de una cosa sí estoy segura, mi futuro y el de mi esposo no está aquí, sino en México", concluye Román.
De acuerdo a datos del censo, la población hispana en Texas supera los 6,5 millones de personas y se calcula que hay más de un millón de indocumentados.
Reportaje EFE

(Getty Images)








