El Museo de las Artes Decorativas celebra el genio intemporal de Valentino
Como grande de la moda que fue, el maestro italiano, al igual que sus contemporáneos y no menos precoces, estetas y parisinos Yves Saint Laurent y Karl Lagerfeld, trabajó en cierta forma para la eternidad, es decir, dentro de su propio universo, con sus propios códigos.
Durante casi medio siglo de carrera celebérrima, siempre al día y sin abandonar su vocabulario personal; impregnado de actualidad pero lejos de toda dictadura, el modisto reconstruyó sin cesar sus modelos favoritos en diferentes versiones.
Lo subraya el título de la muestra -"Valentino, temas y variaciones"- y se puede intuir al contemplar el cartel elegido para anunciarla: un vestido rosa de noche con sinuosa capa de ondulaciones plisadas y drapeadas, fruto de la colección para el otoño-invierno 2007-2008.
Un diseño, por supuesto, apto solo para ocasiones especiales, con las que soñaba el joven Valentino y en las que se inició recién diplomado junto a Jean Dessès, carismático modisto de aristocráticas clientas que organizaba desfiles de caridad para el armador griego Aristóteles Onassis y presididos por la reina Federica de Grecia.
Circunstancias especiales como las que en 1968 le dieron todo su resplandor internacional, cuando la mediática ex primera dama de Estados Unidos Jacqueline Kennedy eligió entre su famosa "colección blanca" el vestido de novia que le convirtió en la más elegante millonaria del mundo.
Previamente, la futura señora Onassis había encargado al modisto el guardarropa completo con el que rompió el luto por su primer marido, el asesinado presidente John F. Kennedy.
Era el año 1964, sólo un lustro después de que Valentino, con la ayuda de sus padres, hubiese abierto su propia firma de costura en el centro de Roma y lanzado, desde su primera colección, en 1959, ese rojo ardiente, sanguíneo, vivo y apasionado que durante casi cincuenta años fue su firma y su color predilecto.
El mismo rojo que cerró su último desfile y que, recuerdan los especialistas del Museo, Valentino descubrió en Barcelona cuando era adolescente.
Más precisamente en el palco de la ópera, "maravillado ante las mujeres sentadas en sus palcos, formando como una cesta de flores rojas".
EFE

(Getty Images)
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