Lujo discreto pero creatividad intacta en tiempos de crisis
En general, en los cuatro días de desfiles, la impresión fue de una moda de gran refinamiento, virtuosa en la factura, pero sin lujos excesivos ni grandes extravagancias, sin duda por imperativos de venta en un contexto económico difícil al que no escapa ni siquiera este sector del lujo por excelencia. Prueba de ello, la casa Franck Sorbier, confrontada a problemas financieros, se resignó a presentar su colección en un desfile virtual por internet, y mostró solamente dos modelos terminados.
La temporada fue "menos exuberante que de costumbre, más calma", confirma el experto Donald Potard. Opinión compartida por Florence Müller, profesora del Instituto Francés de la Moda.
Esa tendencia se constata incluso en la colección de Christian Dior, cuyo diseñador, John Galliano, moderó sus ímpetus en una colección que fue una lección de maestría y elegancia, pero mucho menos extravagante de lo que es habitual en él. Y Dior "es un barómetro", recalca Müller, que estima que hay "una suerte de nuevo clasicismo" en el mundo de la moda. Los diseñadores "captan los aires actuales, el hecho de que las mujeres desean ropa que las haga bellas. Ha quedado atrás la búsqueda obsesiva de conceptos", afirma.
Potard considera asimismo que la los modistas "reflejan la época" y en su moda se traduce "el estado de la sociedad". Y estamos "en un periodo de morosidad total".
Según Müller, "no se trata de una renuncia, sino, por el contrario, de un retorno a las fuentes del refinamiento y la elegancia".
AFP

(AFP)
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