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No sólo el envase
cambia. Cada champú tiene la composición
diferenciada, que puede dejarlo más o menos
adecuado a tu cabello. ¡Aprende a descifrar
la fórmula y no te equivoques más
al comprar!
La función básica del champú
es la de remover la grasa excesiva y las células
muertas, como también los residuos de contaminación
y de los cosméticos. Para cumplir estos
objetivos, cada empresa desarrolla su mezcla de
sustancias. Sin embargo, existen ingredientes
básicos, presentes en la mayoría
de las marcas. Miremos:
Tensoactivos: son responsables
por la acción detergente. Los más
comunes son el lauril sulfato de sodio, lauril
éter sulfato de sodio y el lauril éter
sulfosuccinato de sodio (éste, más
suave, y muy utilizado en las líneas infantiles).
Sobre engrasantes: reponen
parte de la grasa retirada por el detergente,
evitando el resecamiento provocado por el tensoactivo.
El más utilizado es dietanolamina de ácido
graso de coco, que, como dice le nombre es una
grasa extraída del coco. Otros ejemplos
son la lanolina (extraída del pelo del
carnero) y la lecitina (derivada de la soja).
Espesantes: dejan el
producto más espeso y facilitan la aplicación.
El más utilizado es el clorato de sodio.
A pesar del mito de que hace mal al pelo, la sal
existe naturalmente en el propio cabello y en
la piel. "Como las concentraciones usadas
en la mayoría de los champúes son
bajas, no llegan a dañarlo", explica
la farmacéutica Janine Mailho Gimenis.
De todos modos, la cosmética moderna deja
de lado los recursos tecnológicos para
sustituir la sal por espesantes más suaves,
eficientes y que formen una película protectora
a las hebras. Es el caso del PEG-120 dioleato
de metilglucosamida, un azúcar extraído
del maíz también usado para aumentar
la viscosidad del champú.
Ácidos: como los
detergentes son levemente alcalinos (tiene el
pH un poco más de 7,0) y el cabello y la
piel tienen un pH ligeramente ácido (entre
5,5 a 6,0), se suele adicionar ácidos,
como el cítrico, extraído de frutas,
para balancear la formulación.
Conservantes: su meta
es no dejar que los hongos y bacterias contaminen
el contenido de los productos. El más empleado
es el metilparabeno. Atención si la etiqueta
delata la presencia de formol o formaldeidos,
que están en desuso por considerarlos tóxicos.
Nacarantes: detergentes
adicionados de ceras, dan un efecto nacarado al
champú para cabellos secos y normales.
Esencias y aceites esenciales:
sintetizados o extraídos de la propia planta,
tienen la misión de perfumar o cosmético.
Ejemplos son la lavanda y la menta.
Ingredientes activos:
hay más de 1000 activos usados para enriquecer
la mezcla. Es el caso de las vitaminas, como la
A y la E, que nutren las hebras y las proteínas,
como la queratina y el colágeno, que reparan
las estructuras dañadas. Otros hits son
el Aloe Vera, que tiene acción calmante
y humectante (retiene el agua, "humectando
las hebras") y la manzanilla, que suaviza
y clarea por naturaleza. En cambio las algas,
hamamelis y canfor regulan la grasitud, mientras
que la silicona deja el pelo más brillante
y fácil de peinarlo.
¿Cómo llevarse
a casa la fórmula correcta?
La sugerencia nos la da la dermatóloga
Ana Récio. "Si tu cabello es graso,
seco o normal, basta que elijas productos específicos.
Ahora, si tu pelo es mixto, lo ideal es que te
apliques un champú para cabellos grasos
en la raíz y otro para cabellos teñidos
o resecados en las puntas", nos receta. Récio
explica que, si tienes duda, es mejor que compres
champú para cabellos normales.
Mónica Martínez
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