Cuando un bebé llora no suele ser por capricho. Es su forma de comunicar que tiene necesidad de algo. De los padres dependerá la interpretación correcta de esa demanda para tratar de calmarlo lo antes posible. Es probable que tenga hambre, o que esté mojado. Pero cuando el llanto persiste hay que ir descartando las posibles razones para evitarle el estrés.