Foto:
Kyoto, una de las antiguas capitales imperiales de Japón, no sólo alberga los templos más esplendorosos sino que continúa siendo la sede de la más importante escuela de "geishas", las míticas mujeres que han sido erróneamente confundidas con prostitutas. ¿Quiénes son realmente las Geishas? Terra estuvo en Kyoto y en este recorrido te lleva a conocer de cerca a estas mujeres quienes entre su sumisión y autoridad, son seres terrenales y etéreos, pecaminosos e inocentes.
Foto: Fotos: Carlos Alberto Múnera.
Hace unos años, la imagen que tenía de las Geishas era la de esas mujeres de rostro inmaculadamente blanco, con labios dibujados de un rojo intenso, que bajaban la cabeza en señal de venia cada vez que alguien se acercaba a su encuentro. Su oficio nunca me fue del todo claro, pero no puedo negar que algunas veces lo relacioné con el de las mujeres que se ganan la vida vendiendo su cuerpo.
Foto: Fotos: Carlos Alberto Múnera
Al llegar a Kyoto, cuna de las Geishas, me fue inevitable buscarlas ansiosamente entre el tumulto de gente que suele agolparse en las calles que enmarcan el Distrito de Gion, más conocido como el "Distrito de las Geishas", y el lugar que mejor simboliza para el promedio del hombre japonés los mayores placeres terrenales: el vino, las mujeres, y el karaoke. Con las horas, cada vez había más gente y menos señales de divisar, así fuera a lo lejos, a alguna de ellas.
Foto: Fotos: Carlos Alberto Múnera
De pronto, al caer la tarde, una de ellas estaba ahí, enfrente de mí, y a su paso una ráfaga de elegancia y distinción atrapó las miradas de Japoneses y extranjeros. Me atrevería a afirmar que no era una mujer normal luciendo un espectacular kimono. La delataba su porte, su cara empolvada, ese peinado de porcelana tocado con relucientes peinetones y alhajas, y esa elegancia que le era propia.
Foto: Fotos: Carlos Alberto Múnera
Ese día entendí porqué los hombres pueden llegar a pagar hasta $10.000 dólares por una noche de su compañía.
Foto: Fotos: Carlos Alberto Múnera
Geisha significa "persona dedicada al arte", y ese arte es el de satisfacer a los hombres desde un punto de vista, en principio, espiritual.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Sus armas de seducción son la danza, la poesía, el teatro, el canto y la conversación. De ahí a que sean muy pocas y muy escogidas, entre las numerosas pretendientes, las que alcanzan el más alto nivel profesional.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Esta profesión, como cualquier otra, requiere de años de aprendizaje y dotes naturales prodigiosas.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Las futuras geishas son escogidas desde la pubertad entre las chicas más bellas, inteligentes y capacitadas para el baile y el canto.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Cuando inician sus estudios, son llamadas maiko, palabra que significa "hija de la danza".
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Las Maiko se diferencian de sus maestras por los colores de su ropa.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Aprenden a vestirse, a peinarse, a caminar, a mover las manos con gestos estudiados y a mantener a toda hora el cuello erguido para que su rostro siempre quede en posición vertical.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
El peinado de las Maiko es mucho más sofisticado que el de las geishas y, hasta tal punto es importante su cuidado, que las chicas tienen que dormir con una caja de madera en la cabeza que protege la arquitectura de sus cabellos.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Las Geishas deben conocer la historia de su país, sus tradiciones y su literatura, e incluso entender de política.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
A diferencia de lo que se piensa en Occidente, son siempre ellas quienes eligen a "su dueño", y no al revés.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Por supuesto que saber cantar y bailar es esencial, así como recitar los versos, los haikus de los grandes poetas del país; y también es preciso tocar con maestría el instrumento musical tradicional, el shamisen, una especie de guitarrita de tres cuerdas cuya caja se fabrica con piel de gato.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Pero el arte supremo de la geisha es la conversación. Tiene, en su aprendizaje, normas muy precisas, que se resumen en tres: la primera: ser amable y, por lo tanto, no abrir el corazón.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
La segunda, "decir lo contrario de lo que se piensa si con ello se puede agradar al hombre".
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Y la tercera: observar bien qué es lo que el hombre espera que se le diga y decírselo. Todo un arte, pues, de seducción, ante el que la vanidad natural de los hombres cae irremediablemente rendida.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
La geisha elige a su amante, es independiente en su trabajo y, por lo general, amasa una verdadera fortuna.
Foto:
Kioto es su patria, su hogar más íntimo. Allí nacen y crecen estas sacerdotisas de la estética, entre los parques de delicados cerezos, los serenos estanques, las antiguas pagodas, los discretos salones de té, los sauces y las flores.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
El reciente libro de Arthur Golden, "Memorias de una Geisha" devela en parte la leyenda, pero se detiene especialmente en un ritual llamado "Mizuage", que consiste en el ofrecimiento de una suma de dinero -normalmente brindada por un hombre respetado y muy acaudalado- para poner fin a la virginidad de la aprendiz.
Foto:
Este tema, en el que Iwasaki parece haber hablado a Golden deteniéndose en enormes minucias, despertó el resentimiento entre las geishas retiradas y las que aún ejercen en Japón.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Golden cuenta en detalle el mizuage de Iwasaki, la protagonista, llamada Sayuri, quien recibe una cifra cercana a los 850.000 dólares, por acceder a perder su virginidad en los años setenta, década durante la cual se hizo famosa.
Foto:
Esta ceremonia de iniciación sexual, o mizuage, está oficialmente declarada ilegal en el Japón contemporáneo. Al crecer, las geishas suelen encontrar un danna, un amante oficial que las protege y las mantiene.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Según ellas, el libro ha reforzado en Occidente la imagen equívoca que se tiene de estas mujeres diestras en varias artes, incluido el de la conversación, más que en la realización de complicadas proezas sexuales.
Foto: Fotos: Mónica Godoy L.
Hay dos cosas de las que las geishas nunca hablan: sexo y política.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Con toda certeza, uno de los temas que más incomodidad y nerviosismo produce entre las geishas es el de las relaciones sexuales con sus clientes, que eventualmente y después de una relación de largo tiempo pueden darse, pero que de ninguna manera es norma.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
En Pontocho, una encantadora calle que bordea el Río Kamo, abundan las casas de té en las que las Geishas o Maikos suelen recibir a sus clientes.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
No cualquiera puede contratar los servicios de una geisha. Y si se logra, la cifra puede contar con varios ceros a la derecha.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Las tarifas de una Geisha se miden por lo que tardan en arder los sucesivos senko, o palitos de incienso que se van encendiendo desde que comienza el encuentro.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Una fiesta con una Geisha puede costar una fortuna, pero siempre se verán en Japón interesados en pagarla.
Foto:
Por ahora, la magia de las geishas sigue presente en cada calle, cada rincón de Japón, y su presencia será siempre uno de los grandes atractivos del país del sol naciente...
Foto: Foto: Mónica Godoy L.
Algunos dicen que en un futuro serán sobre todo extranjeros los únicos interesados en pagar esas sumas escandalosas de dinero. Para los japoneses de última generación, el programa se parece cada vez más a una velada folklórica pasada de moda, bastante aburrida y con pocas probabilidades de bajar del paraíso al terreno crudo de los hechos. Por eso prefieren buscar lo prohibido en otra parte, lejos de los libros de cuentos.
Foto: Foto: Mónica Godoy L.