Un noble príncipe. Un personaje de lejana época. Un ser desobligante y soberbio con las leyes de la vida. Un hombre entregado a la vivencias de manera libre, que nunca en su trampa mortal intuyó eran libertinaje.
Un ser que desesperadamente buscaba en cada acto de su vida La Libertad. Los instintos de su cuerpo y la complacencia de los mismos, eran su razón de vivir.En busca de la libertad
Destrozado por dentro en su propio vacío, donde quedaba el vestigio de tanta libertad con ansia buscada, comenzó a construir su propia prisión. Y la más difícil; pues si él había construido sus barrotes, a él le correspondía hacerle la llave.
La clave era esa. ¿Pero donde encontrar su molde? Recorrió lugares nuevos buscando su respuesta. Intentó cambio de sitios tratando de lograr en nuevos ambientes algo que remplazara sus antiguos y desplazados placeres. Su vida giraba en círculos y su avance era imperceptible.
Estaba cansado, su vida era un camino largo, confuso y sin destino final. Comenzó a pertenecer a ninguna parte, es decir, ni a lo que era ni a lo que quería llegar a ser.
Un día fatigado del calor intenso de la vida, con imágenes confusas que bailaban al ritmo de la música sin sentido, cayó desfallecido en el duro suelo de la realidad.
Abrió sus pesados párpados, cansados de tanto ver, varios días después; Estaba sediento de agua pura de vida y pan limpio que estuviera amasado con amor. Levantó la vista y divisó entre las nubes, la luz que cegaba sus ojos pero que le habrían el alma. Era ahora o nunca.
Caído muchas veces, pero vencido jamás
Se incorporó sin ayuda y dando control a sus dos pies comenzó su andar aunque lento, para que lo dirigieran a una ermita en Asís.
Golpeó la puerta y sin voz gritó: ¿QUIERO NACER DE NUEVO.¿
Una figura humana llena de sensibilidad lo acogió en sus brazos y le habló: ¿Este es el sitio hermano porque aquí creemos en ti. Este es tu refugio porque el único dueño de este lugar y de todo lo que hay en el universo, cree en ti y siempre te ha esperado.¿
Francisco cayó desmayado en brazos amorosos y nobles, que le ayudaron a despojar sus ropas. Desnudo de cuerpo y sobre todo de alma, encontró al fin su anhelada libertad y su voluntad real de vivir.
Ahora era él consigo mismo. Ahora era él bajo la mirada amorosa y protectora de su creador y de aquel que confió en él.
Pasaron los días con todas sus horas; pasaron los meses con todas sus lunas y fue renaciendo dentro de sí, su verdadero yo. Mostró al mundo con palabras respaldadas por sus hechos, que SI es posible liberarnos de nuestro propio encierro, para los que, como él, tenían sed de vida y hambre de amor.
Iluminación ¿para todos?
Al igual que Francisco De Asís, muchos siglos después, un día como hoy, hay quien con valor se despoja de la misma manera de sus antiguas vestiduras, encaminándose de manera segura por un sendero, no menos difícil pero si más firme, llamado iluminación.
Un ser que construyendo su propia llave, abriendo su propia puerta, rompiendo sus propias cadenas, comienza a escribir con su mano derecha la historia de su vida y camina feliz sin apenas tocar el suelo.
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