Brasil-Francia-justicia
31/10/2007 - 04:01 (GMT)
El proceso abierto contra acusados por el asesinato de tres franceses el 27 de febrero de 2007 en Copacabana, en las oficinas de una ONG dedicada a los jóvenes de las favelas, se abrió este martes y tuvo una primera sentencia de 59 años en un tribunal de Rio de Janeiro.
Según informó el sitio G1 de la red Globo, el 3º Tribunal del Jurado de Rio de Janeiro sentenció a Tarsio Wilson Ramirez, de 25 años y uno de los procesados por matar a los tres franceses ligados a la ONG, fue condenado la medianoche del martes a 59 años de prisión en un juicio que demoró unas 10 horas, aunque su defensa apeló la sentencia.
Ramírez es el principal acusado por planificar la muerte de Delphine Douyère, de 36 años, su compañero Christian Dopues, de 38, y Jérôme Faure, de 42, salvajemente asesinados a puñaladas en la sede de la organización Terr'Ativa en el barrio de Copacabana (zona sur) en febrero de 2007.
Si bien rechazó la acusación de haber matado a los europeos, cinco personas testificaron en su contra. Los dos cómplices, Luiz Gonzaga Gonçalves de Oliveira y José Michel Gonçalves Cardoso, deberán enfrentar un jurado popular el 13 de diciembre.
Ramires fue acogido por la ONG hace unos años y posteriormente los franceses lo convirtieron en un colaborador permanente y organizaba proyectos del grupo. Tras ser designado tesorero de Terr'Ativa, fue despedido en setiembre de 2006 por apropiación indebida de fondos por unos 43.500 dólares.
Luego de su arresto el mismo día del asesinato, Ramires reconoció su responsabilidad en las muertes y admitió haber reclutado a sus dos cómplices -detenidos el mismo día- por 1.000 reales (1.752 dólares) cada uno.
Los tres acusados habían comprado máscaras de carnaval y guantes quirúrgicos -para no dejar huellas dactilares- y cuatro cuchillos.
Delphine Douyère era fundadora, secretaria ejecutiva y directora general de la ONG. Su compañero, Christian Doupes, era el secretario administrativo mientras que Jérôme Faure era uno de los miembros del equipo pedagógico.
Terra/AFP