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El precandidato republicano Mike Huckabee, en fuerte alza en las recientes encuestas, recibió duras críticas de rivales de su propio partido y defensores de los indocumentados por su posición sobre la inmigración ilegal.
En una precampaña electoral dominada por la lucha contra la inmigración ilegal, el ex gobernador de Arkansas mantuvo en menos de dos semanas dos posiciones muy distintas sobre los estimados 12 millones de indocumentados radicados actualmente en Estados Unidos.
En un debate celebrado hace dos semanas, Huckabee dejó entrever comprensión, al asegurar que Estados Unidos no debe "castigar a niños por delitos cometidos por sus padres", en referencia a los niños de los que entraron ilegalmente en Estados Unidos.
El precandidato respondía así a uno de sus máximos rivales, el ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney que le había reprochado de haber tratado de dar becas con dinero público a los hijos de indocumentados para que pudieran estudiar en la universidad.
Romney, que cedió terreno en la recientes encuestas, difundió esta semana un anuncio con el mismo reproche para tratar de demostrar la debilidad sobre cuestiones migratorias de Huckabee, que lidera los sondeos en Iowa, donde se iniciarán las primarias el 3 de enero.
Para tratar de apagar las críticas de su propio partido, cuyas bases más radicales piden medidas contra la inmigración ilegal, el ex gobernador de Arkansas, presentó un plan llamado "Seguridad para Estados Unidos" que incluye varias medidas drásticas contra los indocumentados.
La más destacada es la obligación para los 12 millones de indocumentados de dejar voluntariamente el país en un plazo de 120 días tras darse a conocer en una oficina de migración, algo que el presidente George W. Bush, del mismo Partido Republicano, dijo varias veces que era imposible de cumplir.
Ese plan permitió a Huckabee lograr el martes el apoyo de nada más y nada menos que Jim Gilchrist, el fundador de los llamados "Minutemen", la organización que decidió por su cuenta luchar contra la entrada de inmigrantes ilegales por la frontera mexicana.
"El gobernador Huckabee presentó un plan que puedo apoyar", declaró Gilchrist, que prefirió no respaldar a otro precandidato Tom Tancredo, que se ilustró en los últimos años en el Congreso por sus posiciones radicales contra la inmigración.
Las organizaciones que piden una reforma migratoria que permita la regularización de los indocumentados pusieron el grito en el cielo: "Gobernador Huckabee, usted debería tener vergüenza", se exclamó Clarissa Martínez, directora de campaña de una coalición de grupos favorables a los inmigrantes.
"Nos hemos equivocado", añadió, tras confesar que Huckabee había dado la impresión dos semanas atrás de querer "tomar medidas correctas al concentrarse en soluciones" sin contribuir a la campaña antiinmigrantes de sus rivales a la investidura republicana.
Por parte demócrata tampoco faltaron las críticas contra Huckabee y los republicanos, que perdieron en los últimos años el apoyo que Bush había ganado en la comunidad hispana, la minoría más importante del país, cuyo peso electoral puede tener influencia en varios estados en las elecciones de 2008.
"La inmigración no debe ser un tema divisivo y los inmigrantes no deben de ser usados como chivos expiatorios" para ganar votos, lamentó Luis Miranda, portavoz del Partido Demócrata.
Terra/AFP