FRONTERA
María León Tucson (Arizona), 14 mar(EFE)- Expertos, educadores, activistas y representantes de agencias gubernamentales participaron hoy en una conferencia en la que analizaron la "indiferencia" de la sociedad frente las muertes de indocumentados en la frontera de Arizona.
A pesar del incremento de la seguridad en la frontera y la aprobación de leyes a nivel federal y estatal que buscan criminalizar la presencia de indocumentados en EEUU, el flujo migratorio continua siendo el mismo por el desierto de Arizona, donde cientos de inmigrante mueren cada año.
"Desafortunadamente para muchas personas estas cifras se han convertido en un simple número, algo que leen en los periódicos, pero no se detienen a analizar lo que representa que cada año docenas de hombres y mujeres mueran en nuestros mismos patios traseros", dijo Raquel Rubio Goldsmith, profesora del Centro de Estudios México-Americanos de la Universidad de Arizona.
Indicó que el propósito de la conferencia "La vida no vale nada" es tratar de analizar en un solo contexto todos los temas que están relacionados con el tema migratorio.
La educadora recordó la inmigración ilegal no es un nuevo fenómeno como muchas personas piensan, ya que durante la historia entre ambos países siempre ha estado presente.
En la última década, el flujo migratorio comenzó a incrementarse por el desierto de Arizona como consecuencia de diversos operativos establecidos por el Gobierno federal para "cerrar" los puntos tradicionales de cruce en estados fronterizos como California y Texas.
"Operativos como la Operación Guardián, solamente crearon el efecto embudo, donde los inmigrantes comenzaron a buscar rutas alternativas, en lugares más apartados y peligrosos como el desierto de Arizona", calificado por algunos como "el corredor de la muerte".
"Supimos que estábamos ante un problema cuando en mayo de 2001, se registraron las muertes de 14 inmigrantes indocumentados en un solo día en la región desértica entre las poblaciones de Tucson y Yuma", dijo Bruce Parks, forense del condado Pima, cuya dependencia se encarga de recibir la gran mayoría de los cuerpos de indocumentados que son encontrados en la frontera de Arizona.
Mientras que en 1990 su oficina recibía entre 12 a 15 casos de inmigrantes indocumentados muertos anualmente, para el año 2000, se incrementaron a más de 80.
El punto máximo se alcanzó en 2005, cuando se estableció un récord de más de 200 muertes.
Solamente en junio de 2005, se registraron 69 fallecimientos, lo que obligó a la oficina del forense del condado Pima a alquilar un refrigerador portátil para mantener los cuerpos.
Con un presupuesto anual de 2,9 millones de dólares, esta dependencia registró las muertes de 218 inmigrantes indocumentados en 2007.
Parks señaló que el 90 por cientos de las muertes de inmigrantes indocumentados en el desierto se deben a la exposición de las altas temperaturas de la zona desértica, lugar donde en el verano se superan fácilmente los 110 grados Fahrenheit.
"No es sorpresa para nosotros que la mayoría de las muertes ocurren durante los meses de mayo, junio y julio", dijo el forense.
Manifestó que muchas veces aunque los inmigrantes traten de mantenerse hidratados, tomar agua y sueros, las temperaturas a las que se exponen son tan extremas que el cuerpo se descontrola, por lo que pueden sufrir fácilmente un paro cardiaco.
Debido al incremento en las muertes y el descubrimiento de restos humanos en el desierto de Arizona, la oficina del forense del condado Pima tuvo que contratar los servicios de un antropólogo, que los en la identificación de la persona y determinar la causa de muerte.
"Nada detendrá el flujo migratorio, a pesar de un muro y de leyes que buscan criminalizarlos, las personas seguirán arriesgando sus vidas, mientras tengan la promesa de tener una vida mejor", finalizó Goldsmith.EFE ml/cs
Terra/EFE