Viernes Santo
Ruben Enaje, un católico devoto de la aldea de San Pedro Cutud, en el norte de Filipinas, se coloca sobre la cabeza una corona de espinas antes de someterse al agonizante calvario de ser clavado en una cruz por... vigesimosegunda vez.
Este decorador de 47 años fue el primero de los 19 hombres de este pueblo que en Viernes Santo se levantaron con un programa bien distinto al de su rutina diaria, el de crucificarse como una forma de penitencia para agradecer a Dios que responda a sus plegarias.
Enaje no se olvida de la vez que decidió no someterse a este ritual, hace ocho años. Sufrió úlceras en el estómago y su mujer enfermó.
"Es doloroso y difícil. Pero continuaré haciéndolo mientras pueda. Este es mi compromiso con Dios", explicó a la AFP este padre de cuatro hijos mientras se vestía para la ceremonia en su modesta casa de madera.
Miles de turistas desafiaron el viernes el calor tropical para llegar hasta esta aldea de granjeros, a una hora de auto al norte de Manila, con el fin de presenciar los rituales religiosos.
Revivir la crucifixión de Jesús forma parte de los sangrientos espectáculos que cada año dejan boquiabiertos a los extranjeros en esta nación tremendamente católica.
Varios vecinos, disfrazados de centuriones romanos, arrastraron por las calles a Enaje y a otros penitentes hasta una pequeña colina, donde les esperaban tres cruces de madera y al menos 2.000 turistas expectantes.
Terra/AFP

