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Argentinos golpean cacerolas contra discurso de presidenta

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26/3/2008 - 01:21(GMT)

Miles de personas salieron el martes a las calles en distintas ciudades golpeando cacerolas como protesta al discurso de la presidenta Cristina Fernández, que rechazó en duros términos la huelga que mantienen los productores agropecuarios desde hace 13 días.

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Cacerolas en mano, unas 2.000 personas se congregaron de manera espontánea en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, frente a la casa de gobierno, para expresar su disgusto hacia el gobierno y su apoyo al paro del campo, según pudo observar un camarógrafo de Associated Press Television News, el brazo televisivo de la AP.

Los distintos canales de la televisión local mostraron escenas similares en otros barrios de la ciudad, como Belgrano, Palermo, Recoleta y San Telmo, donde vecinos bloquearon las calles mientras golpeaban las cacerolas y gritaban consignas contra Fernández, que criticó a los productores agropecuarios que mantienen un paro contra el aumento de los gravámenes a la exportación de granos.

La reacción también fue multitudinaria en varias ciudades del interior del país.

En su primera declaración pública desde que comenzó el paro agrario, la mandataria enfatizó el martes: "Quiero llamar a todos estos sectores, que son parte importantísima de la Argentina, a la reflexión, pero les digo que no me voy a someter a ninguna extorsión, a ninguna".

Fernández, que con este paro enfrenta el más serio desafío a su gestión, calificó a la protesta "como un paso de comedia" protagonizado por los sectores con "mayor rentabilidad" de los últimos años.

También consideró "violentos" y "piquetes de la abundancia" a los bloqueos de carreteras que llevan adelante productores rurales en protesta por la medida.

"Esto es muy grave. (La presidenta) eligió el camino de la confrontación. Me pregunto qué viene después de esto, ¿el Estado de sitio y la represión?", dijo Eduardo Buzzi, titular de la Federación Agraria Argentina.

Tres semanas atrás, el gobierno anunció un nuevo sistema de retenciones que, a precios corrientes, implica un alza de entre siete y nueve puntos en los derechos de exportación de la soya y el girasol y un descenso de un punto en el comercio exterior del trigo y maíz.

Justificó la medida en el fuerte aumento en el precio internacional de los granos y destacó que ayudará a garantizar el abastecimiento del mercado local "a precios razonables".

Las exportaciones de granos constituyen una de las principales fuentes de divisas para el país.

El aumento provocó un masivo rechazo en los productores, quienes iniciaron la mayor huelga de los últimos 30 años.

Tras 13 días de paro, el Mercado de Liniers, donde se concentra la producción de ganado, exhibía el martes sus corrales vacíos. En tanto, se encontraba paralizado el ingreso de granos a los principales puertos del país y asociaciones de supermercados advirtieron sobre el desabastecimiento de productos primarios.

La situación podría agravarse, ya que este martes las cuatro principales organizaciones agropecuarias anunciaron que continuarán la huelga por tiempo indeterminado hasta que el gobierno dé marcha atrás al aumento en las retenciones.

"Es una estafa, no tiene límite la voracidad fiscal del Estado. Por eso el campo se puso de pie y dice basta", dijo a AP Sergio Olivo, uno los manifestantes en la Plaza de Mayo.

"Vengo para defender a mi país, para que no nos robe más Cristina (Fernández de) Kirchner, para defender el campo", gritó indignada Clara Igurrigarro, otra manifestante.

La protesta de los productores rurales recibió así el inesperado apoyo de la clase media urbana, que recurrió al mismo método de protesta que en el 2001 aceleró la salida del poder del entonces presidente Fernando De la Rúa.

En tanto, miles de personas salieron a las calles a protestar en pueblos pequeños y grandes centros urbanos de las poderosas provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, donde se concentra la mayor parte de la producción agropecuaria.

Escenas similares se vieron en la norteña provincia de Tucumán y en la central La Pampa.

"Me acuerdo cuando los dirigentes ruralistas, que amenazan no al gobierno sino a la sociedad con el desabastecimiento, nos venían a pedir por favor (tras la crisis del 2001)... Es a partir del gobierno que se inicia en 2003 que empieza a tener competitividad el sector y no solamente por el aumento en los commodities (bienes de consumo)", dijo Fernández, en referencia a la gestión de su esposo Néstor Kirchner.

El gobierno asegura que los gravámenes son también una medida de redistribución social, ante los beneficios obtenidos por el sector agropecuario en los últimos cinco años.

"Si no hubiera retenciones, la carne, el pollo y la leche los argentinos la verían por televisión. La retención actúa como un efecto redistributivo", sostuvo Fernández.

Sin embargo, los analistas sostienen que la medida es de neto corte fiscal y que busca aumentar los recursos del Estado a costa de las exportaciones agroindustriales.

Frente a la escalada del conflicto, la Iglesia llamó al gobierno y ruralistas "al diálogo, que es el gran instrumento de construcción y consolidación de la democracia".

Por su parte, partidos de la oposición también criticaron el discurso de Fernández.

"La actitud provocadora de la presidenta promueve el conflicto y la violencia, y entraña graves riesgos y consecuencias de las que deberá hacerse responsable", sostuvo en un comunicado la Coalición Cívica.

Terra/AP

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