OTAN-CUMBRE/AFGANISTÁN
Bruselas, 27 mar (EFE)- La OTAN pedirá en la Cumbre de Bucarest que los socios asuman mayores compromisos en Afganistán, como parte de una nueva estrategia para acelerar la transición de poderes a las fuerzas locales, ante la constatación de que la violencia ha ido en aumento en el país desde que comenzó la misión aliada.
Se prevé que al menos once países anuncien de manera oficial su intención de reforzar los contingentes de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), que en la actualidad cuenta con unos 47.000 soldados de casi cuarenta países, entre ellos los 26 miembros de la Alianza.
El deseo de EEUU y otros países como Reino Unido, Canadá, Holanda y Dinamarca es que nuevas tropas acudan en auxilio de las suyas, desplegadas en los feudos talibanes y de Al-Queda, principalmente en el sur.
La ISAF estima que un 94% de las operaciones militares en Afganistán se producen precisamente en esta zona.
Por su parte, España no se plantea mover del oeste a sus 690 efectivos, situados en la base de Herat (FSB), la Unidad de Reconstrucción Provincial (PRT) en Qala i Naw, además de en Manás (una base norteamericana en Kirguizistán) y en Kabul.
Sin embargo, cabe la posibilidad de que España se comprometa a destinar algún equipo de enlace e instrucción operativa (OMLT, en sus siglas en inglés).
En cuanto al envío de nuevas fuerzas, Francia se llevará la palma con un batallón de mil soldados, que podrían ser destinados al peligroso sur.
Alemania, Portugal, Bélgica, República Checa, Hungría, Polonia, Albania, Eslovaquia y Singapur prevén anunciar contribuciones más modestas.
En todo caso servirán para paliar en parte el déficit de soldados en Afganistán, que se calcula en unos 7.000, además de medios logísticos y de inteligencia.
De forma paralela, durante la Cumbre se escenificará un mayor compromiso y colaboración civil para salir de una situación de violencia creciente en el país asiático.
Para ello se ha convocado una conferencia en la que estarán presentes, entre otros, el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon; el de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer; el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, y el de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.
Junto al aumento de fuerzas y la colaboración internacional, la clave de la estrategia general político-militar a medio plazo que aprobarán los jefes de Estado y de Gobierno será la transición hacia un papel cada vez más basado en el apoyo material y logístico a las fuerzas afganas.
Un segundo documento explicará al público los motivos de la continuación de la implicación de la OTAN en Afganistán, con énfasis en el progresivo incremento del protagonismo de las fuerzas locales o en la importancia de la labor de reconstrucción que dirige la ONU.
La Alianza Atlántica es consciente de que la misión en Afganistán es a largo plazo y no quiere, mientras se desarrolla, que se le culpe de todos los problemas que sufre el país asiático, como el que conlleva ser el principal productor mundial de opio.
También existen deseos de cambiar su estrategia ante el creciente nivel de violencia, las tensiones con el presidente Hamid Karzai y la sensación de que el Gobierno de Kabul está perdiendo terreno en su lucha contra los rebeldes talibanes.
Al mismo tiempo, se intenta responder a un creciente desencanto de la población de numerosas partes del país con el Gobierno central y las fuerzas militares internacionales, que puede redundar en un beneficio para los rebeldes. EFE met/aagm
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