Argentina
La reacción de la clase media argentina, que volvió a hacer sonar las cacerolas en adhesión a la huelga agropecuaria, es una señal de agotamiento hacia el duro estilo de liderazgo iniciado por Néstor Kirchner y continuado por su esposa y sucesora, Cristina Fernández, a quien le ha costado el primer revés político en poco más de 100 días de gobierno.
"No me voy a someter a ninguna extorsión", fue la respuesta esta semana de la mandataria al paro de los productores rurales que ya se ha traducido en un incipiente desabastecimiento de alimentos.
El confrontativo discurso no sólo echó a perder la oportunidad de intentar un diálogo con el agro, el sector productivo más fuerte del país, sino que generalizó un reclamo que hasta entonces había sido exclusivo de los hombres del campo.
Indignados con el aumento a los derechos a la exportación de granos dispuesto por el gobierno, los productores mantienen suspendida desde hace 15 días la comercialización de productos primarios y sus derivados y bloquean rutas en todo el país.
"Ha sido el discurso de Cristina el hecho que ha transformado el conflicto sectorial en político. La clase media urbana que... salió a la calle enarbolando cacerolas como seis años atrás, ya no reclama contra las retenciones, sino contra un estilo autoritario de ejercer el poder", escribió el analista Rosendo Fraga.
"Cristina tiene un estilo duro, de no negociación. Y los sectores de clase media están reaccionando contra ese estilo", coincidió el analista político Ricardo Rouvier en diálogo con AP.
Fernández continúa la dialéctica impuesta por Kirchner para presentar la realidad como un juego de antinomias --izquierdas y derechas, peronistas y antiperonistas-- sin espacio para el disenso. Siguiendo ese estilo, la mandataria describió la protesta del campo como la expresión del egoísmo de hacendados terratenientes que no están dispuestos a redistribuir sus exhorbitantes ganancias.
Terra/AP
