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ENFOQUE-Elefantes perecen por nueva estrategia guerra Sri Lanka

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6/4/2008 - 17:36(GMT)

Por Simon Gardner

Historia continua abajo

PIMBURELLEGAMA, Sri Lanka (Reuters) - Sacudiendo su cabeza ante el cadáver en descomposición de un elefante junto a un exuberante arrozal en el norte de Sri Lanka, el guardia forestal J.A. Weerasingha calcula el costo de una iniciativa estatal por armar a los aldeanos contra los rebeldes Tigres Tamiles.

Aunque Sri Lanka hace mucho que viene luchando con un conflicto entre humanos y elefantes que mata a decenas de animales y personas anualmente, las muertes estos animales están en alza, y está claro el por qué.

En el marco de lo que el Ejército describe como un intento por proteger a las aldeas del extremo norte mientras el Gobierno y sus enemigos los Tigres libran una nueva fase de los 25 años de guerra civil, los granjeros han recibido escopetas y armas semi-automáticas.

Pero el plan ha salido mal. Quienes recibieron las armas están volviéndose en contra de los paquidermos, que pasean por sus cultivos o dañan sus hogares en busca de comida, con un aumento del 13 por ciento en las muertes de elefantes en el 2007 en comparación con el año anterior.

"Están disparándoles a mis animales," se lamentó Weerasingha durante una visita a esta remota aldea en la periferia del Parque Nacional Wilpattu en el noroeste de la isla.

"Ellos tuvieron la posibilidad de ahuyentar al elefante. Sólo se había acercado al borde del arroza. Ellos en cambio le dispararon," agregó.

"Fue una descarga automática. Definitivamente lo mató un guardia civil," agregó, refiriéndose a los residentes de las aldeas, algunos de los cuales son también granjeros.

Los agricultores recibieron rifles de asalto T-56 por parte del estado y funcionan como una fuerza de defensa rural.

En el 2007, murieron en Sri Lanka 193 elefantes, en gran mayoría por disparos de arma de fuego, envenenados o electrocutados. Algunos fueron atropellados por trenes, otros cayeron en pozos. Sólo unos pocos murieron por enfermedades.

Esa cifra se da en relación a una población total estimada de 3.000 a 4.000 elefantes, y ha aumentado de 171 muertes en el 2006.

En los distritos norte y noroeste de Sri Lanka solamente, hogar de aproximadamente 1.500 elefantes, murieron 63 de ellos, 27 de lo cuales directamente por armas de fuego.

ZAPALLOS ENVENENADOS, ELECTROCUCION

Otros murieron de septicemia por las heridas de bala, algunos fueron envenenados con zapallos mezclados con químicos y unos pocos electrocutados con cables conectados directamente a la red de suministro eléctrico.

Los elefantes, que en su mayoría deambulan libremente por áreas de bosques y junglas, ingresan cada vez más en zonas habitadas por aldeanos en busca de alimento, a medida que sus espacios son invadidos por el desarrollo de proyectos y la guerra civil.

Algunos han huido de su hábitat debido a las batallas de artillería entre los militares y los rebeldes.

Lo que ahora es el bastión norte de los Tigres Tamiles estaba lleno de elefantes a mediados del siglo XVIII, según un mapa antiguo. No queda claro cuántos hay en esa zona ahora.

"La población humana está en aumento, el bosque está decreciendo. No se puede detener," dijo Manjula Amararathna, asistente de dirección de la región noroeste del Departamento de Vida Silvestre y Conservación de Sri Lanka.

Los elefantes fueron responsables por la muerte de 50 personas en el 2007, algunos atropellados, otros aplastados contra el suelo, y al menos una mujer fue desmembrada extremidad por extremidad.

En las afueras de la oficina de Amararathna en la ciudad norteña de Anuradhapura, hay calaveras de elefantes apiladas en la galería. Una tiene un orificio en medio de su frente hecho por un arma de fuego.

"Los guardias civiles y aldeanos han recibido armas para proteger a las aldeas de los terroristas," dijo Amararathna. "No podemos protestar, porque es muy importante proteger a la gente," añadió.

"Creo que en este momento no hay alternativa," aseveró.

En cambio, los funcionarios están levantando cercos eléctrificados y sembrando vegetales que son difíciles de digerir para los animales, en un intento por minimizar el contacto y el conflicto entre humanos y elefantes. Atrapar a los culpables es una tarea ardua.

Con hasta cinco años de cárcel y multas de hasta 2.785 dólares para quienes maten a un elefante, no hay confesiones a mano y a menudo existe poca evidencia en la que basarse.

Los militares admiten que armar a los civiles es parte del problema, pero dicen no tener alternativa.

¿SIN ALTERNATIVA?

"Debemos incrementar la supervisión de esto, ese es el único modo," dijo a Reuters el comandante del Ejército Sarath Fonseka.

"Nosotros damos instrucciones estrictas, pero habrá un par de culpables porque son de las aldeas, los elefantes vienen y empiezan a destruir las casas y demás cosas, y les disparan," explicó.

"Ellos necesitan tener las armas, de otro modo no podemos vigilar todas y cada una de las aldeas (...) Los Tigres vienen y empiezan a matar gente," señaló.

Los funcionarios dicen que hace mucho que los Tigres Tamiles usan el parque Wilpattu para transportar armas y explosivos hacia la costa y luego llevarlos a la capital Colombo para montar ataques.

El anterior guardia forestal de Wilpattu y varios empleados murieron en el 2007 durante una emboscada dentro de la reserva, incidente por el que se culpa a los Tigres Tamiles.

El parque ha permanecido cerrado al público desde que murió un grupo de turistas locales, en el cual estaba el reconocido autor Nihal de Silva, cuando su vehículo pasó sobre una mina que según se sospecha fue colocada por los Tigres Tamiles.

Pero no todo es pesimismo y tristeza. Los funcionarios estiman que la población paquiderma -- que ha bajado de los 12.000 que había en 1900 -- es estable, con la tasa de nacimientos compensando el índice de muertes.

En el parque de vida silvestre de Minneriya, al este del país, el elefante 'Ha Ha' durante años ha sido un integrante fijo en el umbral de la tienda y café de Lilian Jayasinghe, ubicado a la vera del camino.

Frotándose la cabeza contra un poste de madera en la entrada, el elefante espera que los clientes lo alimenten con panecillos, tortas y bananas. Los soldados que patrullan la zona se detienen al pasar para acariciar su trompa.

Sobre sus piernas y cuerpo, los ribetes redondos de piel gris más gruesa son los signos que delatan las heridas de bala sanadas.

"Una vez él vino con una herida de bala en su estómago. Hicimos una pasta de polvo de chile, pimienta y cúrcuma y se la frotamos en la herida," dijo Jayasinghe. "¡Luego él uso su trompa para que la pasta le penetrara!," narró.

"Está mal que maten a los elefantes," agregó, al tiempo que unos turistas saltaban del interior de una camioneta para tomar fotografías. "Los ladrones no vienen porque el elefante está aquí. El es como un guardia de seguridad. Lo consideramos una mascota," indicó.

(Editado en español por Marion Giraldo)

(Mesa de edición en español +562 4374447)

Terra/Reuters

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