Internacional
Por Emma Graham-Harrison y Benjamin Kang Lim
PEKIN (Reuters) - Manifestantes enfurecidos por la campaña de China en el Tíbet marcharon el miércoles en San Francisco antes de la llegada de la antorcha olímpica, pero el presidente de los Juegos Olímpicos, Jacques Rogge, dijo que no había planes de suspender la carrera global de relevos.
La antorcha atravesará la ciudad costera occidental durante la única parada de la llama en Estados Unidos. Activistas animados por el malestar por las políticas de Pekín en el Tíbet y su reacción a los disturbios letales en la región del Himalaya el mes pasado se están reuniendo para protestar.
Varios cientos de personas desfilaron por las calles de la ciudad en la víspera de la procesión de la antorcha, portando banderas tibetanas y carteles y cantando "Vergüenza a China."
Horas después, en el oeste de China, un grupo de monjes budistas interrumpieron una gira de medios patrocinada por el Estado en una región tibetana, demandando el regreso del Dalai Lama y gritando que no tienen derechos humanos, una medida que podría enardecer a los activistas en el exterior.
Las autoridades de San Francisco, que es famosa por sus demostraciones, ya temían una repetición de las tácticas agresivas que estropearon los relevos en Londres y París. Un funcionario olímpico señaló que también está preocupado porque la gente pudiera resultar herida en la protesta.
Pero Rogge dijo al Wall Street Journal que informaciones que indicaban que la junta directiva del Comité Olímpico Internacional consideraría abandonar los relevos de la antorcha fuera de China para evitar más escenas desagradables estaban "basadas en un malentendido."
"Estoy entristecido porque un símbolo tan bello como la antorcha, que une a personas de diferentes religiones, diferente origen étnico, diferentes sistemas políticos, culturas e idiomas, haya sido atacado," apuntó Rogge respecto de las interrupciones.
La conflictiva procesión mantiene al Tíbet en los titulares internacionales y se ha convertido en un imán para otros grupos descontentos por una variedad de cuestiones relacionadas con China, desde su participación en la región de Darfur, en Sudán, a su trato de los derechos de los animales.
Pekín condenó ferozmente las protestas, y éstas avivaron el resentimiento patriótico entre muchos chinos comunes que sienten que politizan un acontecimiento deportivo que debería ser una celebración de 30 años de desarrollo económico y apertura al mundo exterior.
Los líderes de Occidente están enfrentando un delicado equilibrio, mientras aumentan los pedidos para que boicoteen la ceremonia de apertura, aunque no ha habido sugerencias serias respecto de que los atletas no deberían asistir a los Juegos.
El primer ministro australiano, Kevin Rudd, dijo en un discurso a estudiantes chinos que era importante reconocer que había "significativos problemas en derechos humanos" en el Tíbet, aunque no respaldó los llamados a un boicot de las Olimpiadas.
(Reporte adicional de Guo Shipeng y Nick Mulvenney en Pekín, Lucy Hornby en Xiahe, Adam Tanner en San Francisco, y John Ruwitch en Hong Kong; Escrito por Emma Graham-Harrison. Editado en español por Lucila Sigal)
Terra/Reuters