América Latina
Por Paulina Modiano
SANTIAGO (Reuters) - Paraguay enfrenta el próximo 20 de abril unas históricas elecciones presidenciales en las que podría salir derrotado el último de los "dinosaurios" políticos que han ejercido el poder ininterrumpidamente por décadas en un país de la región: el Partido Colorado.
Con el lema "la política es hacer posible lo que mucha gente piensa que es imposible," el ex obispo católico y candidato opositor, Fernando Lugo, se ha empinado en las últimas encuestas de opinión sobre la postulante oficialista, la "colorada" Blanca Ovelar, fuertemente ligada al actual mandatario Nicanor Duarte.
Pero, aunque los sondeos favorecen a Lugo, acompañado por la amplia coalición Alianza Patriótica para el Cambio (APAC), que va desde la segunda fuerza política del país, el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), a agrupaciones variopintas, nadie se atreve a anticipar con certeza la victoria del ex obispo.
LA MAQUINA COLORADA
¿Razones? Numerosas e históricas que son mencionadas por los paraguayos comunes y corrientes, los primeros en mirar con escepticismo sus procesos electorales.
Corrupción, clientelismo, una pobreza expandida entre los 7 millones de habitantes y ello adornado por datos no menores, como que todos los gobernantes desde 1989 han sido procesados por corrupción, aunque ninguno se encuentra actualmente encarcelado.
Pese a eso, y al hastío que se habría ido extendiendo cada vez más en la población frente los gobiernos colorados, nadie desconoce su enorme maquinaria política, que podría hacer abortar las aspiraciones del opositor.
Y muchos hablan abiertamente de fraude, debido a una fuerte pérdida de confianza en en el Tribunal Supremo de Justicia Electoral, que analistas dicen ha favorecido habitualmente a los postulantes oficialistas.
El Partido Colorado fue fundado a fines del siglo XIX como la unión de tendencias conservadores y nacionalistas, y actuó como soporte de la cruel dictadura del general Alfredo Stroessner, entre 1954 y 1989. Desde su derrocamiento, sus postulantes han ganado todas las elecciones democráticas.
Por sus antecedentes y modo de actuar, muchos analistas lo han comparado con el Partido Revolucionario Independiente (PRI) mexicano, que fue desbancado en el 2000 luego de 70 años de Gobierno.
VUELTA DEL DESTINO
Las elecciones paraguayas, en que se escogerá presidente, se renovará el Congreso y autoridades regionales de 17 departamentos, consideran una sola vuelta y el triunfo por mayoría simple.
Si la rueda del destino quisiera esta vez voltear la suerte de las últimas seis décadas de Paraguay y Lugo llegará al poder, los augurios no son del todo propicios.
De partida, analistas señalan que los colorados muy probablemente mantendrían el control del Congreso, lo que dificultaría, como ya se ha visto en países vecinos, enormemente su gestión.
En el frente externo, pese a sus raíces en la Teología de la Liberación, un corriente surgida en América Latina en la década de 1960 que vinculaba a la Iglesia con profundos cambios sociales, Lugo se ha cuidado de no verse asociado a líderes populista de izquierda como Evo Morales en Bolivia y Hugo Chávez en Venezuela,
Sin embargo, entre sus vecinos cercanos genera reticencias, ya que uno de sus postulados más concretos es renegociar el tratado de la hidroeléctrica binacional con Brasil, Itaipú, que, a su juicio, va en desmedro de sus país.
Algo similar podría ocurrir con Yacyretá, la central que Paraguay posee con Argentina .
Ambas naciones son socias de Paraguay, junto a Uruguay, en el Mercado Común del Sur (Mercosur), un pacto aduanero que Lugo ya ha calificado como "asimétrico" en términos de desarrollo económico.
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Terra/Reuters