En misa del papa
Muchos se dieron cita a la salida del metro. La tarea de encontrarse no es sencilla, en medio de vendedores de camisetas con la imagen de Benedicto XVI, cámaras de televisión, voluntarios que entregan volantes sobre la visita papal, y también grupos que protestan por los abusos sexuales a niños cometidos por sacerdotes en Estados Unidos.
José Salazar, hondureño de 20 años, está pegado a su celular y apurado por conseguir una entrada para la misa, pero se hace unos minutos para contar por qué vino a ver al Papa.
"Es para nosotros una persona muy especial. Es una bendición que esté acá. Tengo una emoción muy grande", indicó.
"Para mí es una persona especial y creo en él", dijo de su lado Blanca Miramar Mejía, de El Salvador, casi corriendo para tratar de conseguir un ticket de ingreso al estadio.
La población católica en Estados Unidos, actualmente un 24% del total de poco más de 300 millones que vive en el país, crece fundamentalmente gracias a la progresión de la minoría hispana, que abraza mayoritariamente ese credo y que ya constituye una comunidad de 42 millones de personas.
A las 8H30 y Verónica aún no conseguía entrada, pero una pareja se desprendió de la multitud y le pidió a sus hijos que esperen.
El guatemalteco Luis Muñoz se acerca a Verónica. Le muestra las entradas que tiene en su mano. No puede darle los tres talones necesarios para ella y sus compañeros. Pero al menos le deja uno.
Verónica dejó su lugar y su cartel y, entrada en mano, junto a sus compañeros, se dirigió a la misa para cumplir con un ritual propio y escuchar un mensaje de paz, antes de volver a la guerra.
Terra/AFP


