Chiquitos pero...
Los criadores de caballos en Carolina del Sur se unen para salvar el poni paticorto y rendidor que aguanta largas horas de caminatas por los pantanos en medio de una humedad agobiante y cuyo número está disminuyendo.
La apariencia silvestre y reputación de bestias de carga de estos caballos de Carolina del Sur no los hacen precisamente favoritos de los amantes de los equinos.
Solamente unos 150 de estos ponis, descendientes de los caballos remanentes de los exploradores coloniales españoles, sobreviven en las islas frente a las costas del estado.
"Hay que ser aficionado a estos caballos", admitió David Grant, que tiene casi dos docenas en su finca en Carolina del Sur. "No son tan atractivos como un árabe ni un purasangre, pero ahora que los crío y los uso, todo es según el color del cristal con que se mira".
Los conocedores de estos ponis resaltan sus virtudes.
Pueden llevar a los cazadores a los bosques y pantanos inaccesibles a pie o en vehículos de tracción a cuatro ruedas. No se espantan cuando el jinete dispara un arma de fuego montado. Tienen mayor vigor que los conocidos como "Cuarto de milla" (quarterhorse) en distancias largas, y facilita los giros en cañaverales y bosques donde otros caballos se traban.
"Ayudaron a desarrollar el sur, y todo el país", enfatizó Ed Ravenel, que los cría en su finca en las afueras de Charleston. "Cuando uno los interna en pantanos y lodo como los que tenemos aquí en el sur, en vez de asustarse siguen adelante".
Terra/AP
