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Japón celebró el jueves los 100 años de la emigración a Brasil, el país extranjero que cuenta con la comunidad de etnia japonesa más importante del mundo.
La ocasión estuvo marcada por una ceremonia en Tokio, presidida por el emperador Akihito, la emperatriz Michiko y el príncipe heredero Naruhito, así como el primer ministro Yasuo Fukuda y una representación del presidente de Brasil.
Hace un siglo, cerca de 800 japoneses se embarcaron en el "Kasato Maru", en la ciudad nipona de Kobe, huyendo de la pobreza generalizada del país, y llegaron al puerto brasileño de Santos en junio de 1908, para dedicarse a la agricultura y mejorar sus condiciones de vida.
Hoy en día, en Brasil hay más de 1,2 millones de personas descendientes de japoneses, los "nikkeis".
"Me conmueve pensar en el trabajo difícil de los antepasados brasileños y japoneses que duró tanto tiempo", dijo el emperador Akihito en un discurso antes centenares de brasileño-japoneses.
"Me alegro que hoy los nikkeis hayan triunfado en varias áreas y hayan participado en la sociedad brasileña", añadió.
"Japón valora la cooperación con Brasil porque, teniendo la selva más grande del mundo, dirige activamente el debate de la comunidad internacional sobre las cuestiones medioambientales y del cambio climático", señaló el primer ministro Fukuda.
Japón invitó al presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva a participar a la próxima cumbre del Grupo de los Ocho países más industrializados del mundo, que tendrá lugar en Japón en julio, centrada en el tema del calentamiento del planeta.
Con pocos recursos naturales, Japón busca aumentar los intercambios comerciales con Brasil, el mayor exportador del mundo de etanol.
Pero, "desde ahora, es necesario llevar las relaciones entre los dos países hacia nuevas áreas y empezar intercambios técnicos, incluyendo la energía nuclear, el desarrollo espacial o los ferrocarriles", dijo Dilma Rousseff, como representante del presidente Lula.
Terra/AFP