ALEMANIA-OPERA
Berlín, 27 abr (EFE)- La Deutsche Oper de Berlín ofreció hoy en estreno mundial la ópera "Jeanne d'Arc", del compositor alemán Walter Braunfels (1882-1954), en ausencia de su gran protagonista, el autor de la regie, Christoh Schilngensief, gravemente enfermo.
Schlingensief, que lucha contra una enfermedad de pulmón, no pudo acudir al teatro para defender personalmente su último trabajo, uno de los más esperados de la temporada operística de la capital y que como el Parsifal, que llevó hace unos años el festival de Bayreuth, está inspirado en uno de sus viajes místicos en el lejano Oriente.
En este caso fue Nepal y los ritos mortuorios, una tradición que el maestro de la "performance" trajo a Berlín en formato audiovisual y luces, lejanas procesiones para religiosas y niños, en torno a cadáveres que arden envueltos en sábanas blancas y flores.
Schlingensief, siguiendo el espíritu del libreto compuesto por Braunfels, presentó a la pasión de la heroína francesa en toda su ambigüedad, la de una sociedad de tullidos y superhombres que sataniza y rehabilita con la misma facilidad.
Braunfels compuso la obra y el libreto después de abrazar el catolicismo, última etapa de un calvario personal y profesional que comenzó en los años de la Alemania nazi y terminó, casi en el olvido, tras un obligado exilio originado a sus orígenes judíos.
En la propuesta de Schlingensief, la trama transcurre en una plataforma giratoria con andamios y escaleras que se abren formando altares o cubículos a medida que cambia la escena, seis en total.
No faltaron, como es habitual en Schlingensief, figurantes enanos y minusválidos, animales vivos con halo sagrado como el cordero o la vaca, artilugios desconocidos, decenas de personajes deambulando por el escenario, nazarenos, monjas y el humor del cartón piedra.
Hubo caballos, ciervos y hasta un corazón gigante, el de Juana de Arco, el músculo que la convirtió en santa por resistirse a la hoguera, cuando ésta es quemada por brujería.
Los aplausos y vítores del público a esta prolija y muy densa puesta en escena, multiconfesional y pagana, fueron unánimes y extensivos a todos los intérpretes, a los dos coros que participan en obra, uno de ellos infantil, y la orquesta de la Deutsche Oper, dirigida por Ulf Schirmer, especialista en la obra de Braunfels.
La soprano Mary Mills, en el papel protagonista, llevó sin ninguna dificultad el peso de la obra y ajustó su registro de manera muy destacable a las tres etapas de la vida que su personaje, la dulce adolescente llamada por Dios, la guerra y la hereje.
Mills tuvo, además, del apoyo de los grandes bajos de la Deutsche Oper, a Markus Brück, como el caballero Baudricourt; a Morten Frank Larsen, como Gilles de Rais; a Daniel Dirk, como el Rey Carlos de Valois; y a Peter Maus y Mathan Myers como arzobispos e inquisidores, respectivamente. EFE cv/may
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