Violencia
El asignar soldados a resguardar el principal hospital de Tijuana, donde los médicos seguían atendiendo al martes a ocho presuntos narcotraficantes heridos en tiroteos recientes, refleja el clima de violencia en esta ciudad fronteriza con Estados Unidos.
Tijuana, 29/04/2008- Los hospitales, las escuelas y los negocios de venta de tacos y cervezas están de repente en las líneas frontales de una feroz guerra entre contrabandistas de drogas y tropas federales enviadas para detenerlos.
La última ola de violencia en Tijuana estalló el sábado, cuando rivales del narcotráfico se enfrentaron en varios tiroteos simultáneos antes del amanecer, que dejaron por lo menos 13 muertos.
Tres días después, el Hospital General de Tijuana permanece rodeado por tropas federales con uniformes camuflados y ametralladoras. Se canceló el servicio para enfermedades ambulatorias, las visitas de amigos y familiares fueron restringidas severamente y cualquier persona que no tuviera una emergencia recibió instrucciones de buscar ayuda en otra parte.
"No hay ninguna otra manera", dijo Miguel Marín, un jornalero de 28 años que no pudo atestigar el nacimiento de su segunda hija porque no se le permitió acompañar a su esposa dentro del hospital.
Los soldados que resguardan la institución buscan impedir que hombres armados ingresen al hospital, ya sea para rescatar a sus colegas o darles el tiro de gracia.
Hace un año, una organización de narcotraficantes envió a pistoleros al mismo hospital para que rescataran a un delincuente herido, dejando tres muertos y cientos de pacientes y empleados atrapados durante horas.
Terra/AP

