Incesto en Austria
Las víctimas del caso de secuestro e incesto de Amstetten progresan en su readaptación a una vida "normal", pero los médicos que se ocupan desde hace diez días de la austríaca Elisabeth Fritzl y sus hijos confesaron el martes su temor a que las secuelas de su calvario sean perennes.
"El aire fresco, la luz del día y una dieta equilibrada les están ayudando", señaló Berthold Kepplinger, jefe del equipo de los 15 psicólogos que se ocupan de Elisabeth, de 42 años, sus cinco hijos de entre 5 y 18 años, y su madre, Rosemarie, de 69 años.
El 27 de abril, Elisabeth abandonó por primera vez en 24 años el sótano de 60 metros cuadrados y 1,70 m de altura, sin ventanas, en el que vivió encerrada desde los 18 años, sufriendo las violaciones de su padre, Josef Fritzl, de las que nacieron siete hijos.
La hospitalización de la mayor, de 19 años, en estado crítico a mediados de abril, sirvió como detonante para sacar el caso a la luz hace diez días.
Tanto la hospitalizada como dos de sus hermanos, de 18 y 5 años, vivían recluidos con la madre y nunca vieron la luz del sol.
Los otros tres niños -dos niñas y un niño de 12, 14 y 15 años- fueron sacados del sótano cuando tenían pocos meses por el propio Fritzl, que los adoptó oficialmente junto con su esposa, en calidad de "abuelos".
El sospechoso hizo creer que su hija -de la que dijo que había huido de casa para meterse en una secta- los había abandonado a la puerta de su casa.
Terra/AFP
